Tudela: cuna del primer sionista, el primer renacentista y el primer… Marco Polo

localidad navarra de Tudela
localidad navarra de Tudela

Hace poco glosaba en otra columna al poeta y filósofo Yehuda Halevi, nacido en la localidad navarra de Tudela en el siglo XI. Pero no fue el único vecino judío insigne de la localidad, que tuvo una presencia judía significativa en la época musulmana.

Concretamente desde los primeros años del siglo IX, muy poco después de la propia fundación de la ciudad.

Abraham ibn Ezra (calificado como el Sabio, el Grande y el Admirable) había nacido en la siguiente generación, en 1092 y moriría en 1167.

Fue un destacado intelectual que brilló en muchas disciplinas: poesía, filosofía, gramática, cábala, medicina, matemáticas y astronomía, como un auténtico renacentista adelantado a su época.

Fue además, a su pesar, un notable viajero, ya que, a raíz de la invasión de los almohades se vio obligado a abandonar al-Ándalus (las tierras de España y Portugal bajo dominio musulmán) hacia 114. Luego viajó por el norte de África, Egipto, Israel, Italia, Francia e Inglaterra, antes de intentar regresar a la península, sin que haya constancia de que efectivamente lo hubiera conseguido.

Antes de salir de la península ibérica pasó por Toledo, Córdoba, Lucena, Granada (donde conoció y mantuvo una especial relación con su mencionado vecino Yehuda Halevi) y Sevilla.

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Aprovechó su exilio para redactar importantes obras de exégesis- Especialmente durante su estancia en Italia (Roma, Lucca, Pisa, Mantua y Verona), pero también en Francia (en Béziers y Ruan).

Sin embargo, si hay un personaje cuyo nombre y gesta han quedado unidos al de su ciudad natal, ese es Benjamín de Tudela, nacido en 1130 y fallecido en 1173.

Poco se sabe de él, ya que la única fuente de que se dispone es su Libro de Viajes. Aunque escritores no judíos le titulan frecuentemente como rabino, no existen pruebas concluyentes de que lo fuese.

Aunque sí políglota con dominio del hebreo, arameo, griego, latín, árabe y romance navarro.

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Hay quien ha definido las fechas de sus viajes con una salida entre 1159 y 1167 y un regreso en 1172 o 1173, es decir entre cinco y catorce años.

Tampoco se conoce la finalidad de estos viajes. Si bien parece que Benjamín de Tudela pudiera haber sido comerciante de piedras preciosas, puesto que consta que en más de una ocasión mostró vivo interés por el comercio del coral.

En su viaje tomó contacto con las comunidades judías que se iba encontrando. En total, visitó ciento noventa ciudades de Europa y Oriente, convirtiéndose en una de las primeras fuentes de la demografía judía.

Su interés se centró en los judíos y en su situación, describiendo personalidades, centros de estudios, población, formas de vida, dificultades y éxitos.

También habla de los grandes acontecimientos políticos e históricos de su época. Después de recorrer Europa, Constantinopla y Chipre, visita Tierra Santa y Bagdad.

Es ahí donde recabó noticias sobre las comunidades judías de lugares a los que no viajó, como Arabia, Persia, Asia central, India, Sri Lanka. Incluso Kaifeng en China.

Ya de vuelta, hace una admirable descripción de Egipto, en especial de la vida de los judíos en El Cairo y Alejandría. Completando un periplo que se adelanta en siglos a los relatos que llegarían a Europa de la pluma de Marco Polo.

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Volviendo al punto de partida, Tudela, las primeras pruebas documentales de la presencia judía no aparecen hasta la reconquista por parte de los cristianos en 1119.

Tras adueñarse de la ciudad, el rey Alfonso I establece las normas para los distintos grupos humanos que iban a convivir en ella. A los judíos se les permitió conservar sus casas y solares en lo que más tarde sería la judería Vétula. No así a los musulmanes que tuvieron que pasar a vivir extramuros. Medio siglo después, en 1170, Sancho VI permitió a los judíos de Tudela vender sus propiedades e instalarse junto al castillo, en lo que sería la Judería Nueva.

Este traslado nos habla, sin duda, de una comunidad que empezaba a ser pujante. El reinado de Sancho VII el Fuerte fue positivo para la judería de Tudela.

La política de los monarcas navarros en esta época era tener a los judíos como siervos y encargarles tareas como cuidar y vigilar de recintos amurallados.

Bajo su reinado, los judíos de Tudela pudieron disfrutar de libertad para fijar su residencia. Tenían igualdad jurídica con los cristianos y se les permitía también ejercer como funcionarios. Así como para comerciar en distintos sectores, desde las telas hasta los alimentos.

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Sin embargo, ya con el sucesor de este rey, Teobaldo I, las cosas empezaron a cambiar. Las relaciones entre los judíos y la corona navarra empeoraron. El rey publicó un nuevo Fuero General en el que se limitaban las libertades de los judíos. Imponiéndoles obligaciones como vestir de forma que les identificase o someter sus ejemplares del Talmud a la revisión de frailes franciscanos.

Los judíos tudelanos siguieron viviendo en el castillo, pero ya no se les permitió encargarse de su custodia, lo que era un viejo privilegio.

A finales del siglo XIII toda Navarra entra en una época de inestabilidad política que no beneficia ni a Tudela ni a su judería.

Ya en el siglo XIV la judería de Tudela sufre episodios como el ataque de grupos de pastorelos franceses -un movimiento antisemita violento- que habían cruzado los Pirineos, y también se ve afectada por la revuelta antijudía de 1328.

Si bien en esa ocasión se logró evitar que el ataque penetrara en la judería, sí se tiene constancia de que le costó la vida a algunos judíos.

Unos años más tarde se produce la llegada de judíos que emigraban desde Francia y a los que se llamó «de ultrapuertos». Pero el crecimiento se ve frenado por la epidemia de peste negra que se desata en 1348 y que no sólo diezma la judería de Tudela, sino que enrarece aún más el ambiente en la ciudad.  Que a la vez se va tornando más negativo para los judíos.

A finales del siglo XIV, no obstante, las juderías navarras reciben nueva población desde Castilla, pero en la centuria siguiente la de Tudela sufrió un lento declive hasta que en 1490 se cuentan sólo 101 casas, la cifra más baja en siglos.

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A pesar de que el Edicto de Expulsión de 1492 supuso la llegada de nuevos judíos que salían de Castilla y Aragón, la expulsión del Reino de Navarra en 1498 fue el final de la judería.

Hoy día, el legado sefardí en la localidad navarra de Tudela puede verse empezando el recorrido en el palacio del Marqués de Huarte. Una maqueta de la ciudad medieval ayuda al viajero a situarse en la ciudad actual y encontrar en ella las huellas de aquella otra Tudela.

En el palacio se guardan además varios documentos de singular importancia. Como la confirmación de los privilegios a judíos que se promulgó durante el breve reinado de Francisco I, contratos matrimoniales o actas de los órganos judiciales de la aljama. Adosada al claustro de la Catedral, lo que es una ubicación sorprendente y única, está la llamada Capilla del Cristo, conocida como la Sinagoga Vétula de Tudela (capilla que por su fisonomía recuerda a una sinagoga). Próxima a ésta, también en dependencias claustrales de la Catedral de Tudela se puede visitar una sala expositiva de objetos ceremoniales y personales judíos como un facsímil de la Biblia Kennicot o de la Hagadá de Sarajevo. Destaca un lienzo o tapiz donde aparece una lista de los judíos conversos de Tudela de 1510, conocido como “la manta”.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad

www.radiosefarad.com

 

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