Las cosas por su nombre. Por Claudio Avruj

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Lo sucedido en la emisión del día viernes último en ShowMatch resultó en un desafortunado acto de banalización, y como tal debe asumirse.

Pero a la luz de posiciones tomadas y mensajes fuera de lugar que podemos leer en las redes sociales debo decir que nadie puede tildar a Marcelo Tinelli como antisemita y mucho menos negador de la Shoá. Quienes lo piensan y/o lo escriben cometen un error muy grande, agraviante gratuitamente y faltan a la verdad.

No hace falta ponderar los muchos gestos para con la comunidad que ha tenido  Marcelo Tinelli en su vida, su consideración hacia la educación judía, ni su compromiso personal con la temática de la Shoá. No tengo ninguna relación personal con Tinelli y no me mueve ningún interés personal en particular, pero su sentir y conducta me consta, por lo cual rechazo toda acusación pues carecen absolutamente de fundamento.

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Lo que si efectivamente ha ocurrido, por error,  ignorancia u omisión, a partir  de la utilización fuera de lugar y contexto de la imagen de Ana Frank, fue un acto de banalización de la Shoá.  Son los hechos lo que lo dicen.

Así lo han interpretado la Casa Ana Frank y el Museo del Holocausto llevando la voz de muchísimos indignados, sobre todo de los sobrevivientes. Coincidiremos que están sobradamente calificados para decirlo y hacerlo.

Los hechos y las decisiones tienen siempre consecuencias y en este caso una idea pensada en positivo no se dio a sí misma, el tiempo para un análisis mayor y evitar lo que sucedió. Falto eso en la producción del acto, profundización, estudio, análisis.

Y esto nos lleva a otra mirada y reflexión acerca de la vital importancia de la inclusión de programas de derechos humanos en las empresas.

Es una necesidad cada vez mayor de que las empresas, chicas  medianas y grandes tengan sus programas de integridad, programas de inclusión y diversidad, de género, etc. Es una demanda de la agenda de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

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Seguramente con un ejercicio más habitual, sistémico y permanente de formación consulta y chequeo, este caso como muchos otros que vemos a menudo no habrían de suceder. Empresas y Derechos Humanos son absolutamente complementarios.

El resultado fue banalización.

El compromiso asumido por la productora La Familia con la Casa Ana Frank, pone en evidencia que el mensaje claro y contundente de ésta llegó y fue asumido.

Celebro que así sea y que la respuesta sea el trabajo en conjunto.

Creamos en la sociedad y en la comunidad organizaciones para educar y velar por los valores que creemos importantes.

Muchas veces, y esta es una de ellas, cuando señalan o alzan su vez lo hacen en forma propositiva, mirando hacia adelante en cómo mejorar nuestra calidad de vida y convivencia.

Me parece apropiado repasar algunos párrafos de un análisis exquisito sobre banalización escrito por la Lic. Diana Wang, fundadora de Generaciones de la Shoá  quien también criticó lo sucedido: «Hannah Arendt transformó el sentido de la palabra “banalización” para siempre y hoy se refiere a la trivialización de conceptos y hechos que naturalmente indignan, causan disgusto o son delito.

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Pero, al usarlos de ese modo, les quita peso, más ligeros se digieren mejor,  pueden ser incorporados sin generar inquietudes ni incomodidades; no requieren del cansador trabajo de la reflexión. La banalización transforma algo importante en intrascendente, lo normaliza, lo vuelve sustantivo común… El banalizador de la Shoá instala, tal vez sin quererlo, la idea que cualquier cosa es válida cuando se requiere centimetraje periodístico, efectos veloces e impacto inmediato».

Cuando en nuestra sociedad nos suceden hechos como el de Showmatch tenemos la obligación de señalarlos por su nombre, de alertarlos, de tomarlos como lo que son: síntomas de que algo no está bien entre nosotros y ofrecernos como se ha hecho de trabajar en conjunto.

De eso se trata, es el legado que nos deja nuestra historia judía milenaria y sobre todo la Shoá, a todos.

 

Lic. Claudio Avruj
Pte. Honorario Museo del Holocausto.
Pte. Consejo Argentino para el Desarrollo y los Derechos Humanos.

 

 

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