Las astillas de la Noche de los Cristales Rotos. Por Martha Wolff

las-astillas-de-la-noche-de-los-cristales-rotos-pogrom-nazi
las-astillas-de-la-noche-de-los-cristales-rotos-pogrom-nazi

Las astillas que dejaron los vidrios rotos del pogrom nazi de 1938, ahí están. Están en las heridas que nunca cerrarán por los ataques a los judíos junto a sus golpizas, a las incursiones en  sus hogares para depredarlos, robarles, tomarlos  prisioneros, condenarlos a los campos de concentración, matarlos,  destruyendo sus negocios, para denigrarlos por no ser arios y para espoliar sus bienes para montar la máquina hitlerista y atacar para logra la Gran Alemania haciendo estallar la Segunda Guerra Mundial.

Fue más que una zona libre donde se los atacó, fue el aviso de las fuerzas de seguridad de no participar. Se seguía el objetivo de saquearlos, deportarlos y luego exterminarlos. Todo planificado. Todo permitido.

Leer más:Luego de 80 años, Portugal reconoció al Justo entre las Naciones, Aristides de Sousa Mendes

El mundo aterrado pero indiferente y los países interesados en tener beneficios económicos sobre materias primas y mano de obra estuvieron al servicio de la oferta y la demanda del Nacional-Socialismo.

La vida valía si se era parte de la productividad del Tercer Reich para avanzar y dominar Europa sin judíos, pero sí eran cotizados sus bienes. Tal cual  lo hizo universal el musical Cabaret describiendo la canción “Money, Money… Dinero, dinero, hace girar al mundo…”.

Con el dinero y bienes robados hubo trabajo esclavo, comida, adhesión, bajos impuestos a los trabajadores y descapitalización de los emprendedores. También inflación, deporte para tener una juventud sana y aliada. Mujeres honradas por su colaboración. Hijos nacidos para servir al Estado y los hornos crematorios dejando el humo de los enemigos que no cuadraban con el prototipo ario o comulgaban con su ideología.

Ahí están todavía los cristales destrozados el 9 de Noviembre de 1938. Habiendo sido una noche de luna en la que los pulverizados escaparates brillaban bajo su luz como Estrellas de David mancilladas. Y esas astillas que tuvieron los judíos atacados en sus cuerpos y en sus almas son las que siguen dolientes recordándolos porque fue el principio del fin, la Shoá.

Ahí están las esquirlas invisibles que aguijonan la memoria para no olvidar la barbarie a la que se puede llegar contra otro ser. Y lo expresó  muy bien Reuvén Rivlin, quien fue Presidente de Israel hasta julio del presente año, cuando desde Jerusalem, por la pandemia, en simultáneo con Alemania y Austria, para recordar la  Noche de los Cristales, se la conmemoró iluminando  las piedras de los muros, diciendo: “Se extinguió el fuego de  los hornos crematorios pero las llamas de esa noche arden hasta hoy”.

Martha Wolff

Periodista-Escritora

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here