Un joven hacker judío ultraortodoxo, con sombrero y un viejo teléfono móvil, está redefiniendo la ciberseguridad en Israel con una startup que crece a toda velocidad y desafía estereotipos.
Entró tarde al mundo de la codificación, estudió en una ieshivá y se casó muy joven: este hacker judío ultraortodoxo invirtió el dinero que le pagaron Google y otros por descubrir fallas en sus sistemas para fundar en Israel una startup que se dedica, justamente, a defender websites.
«En diez años -dijo este hacker bueno-, me gustaría vivir en una realidad en la que nadie me mire, un emprendedor ultraortodoxo de alta tecnología con traje negro y sombrero, como algo inusual».

Una startup que creció rápido
Ysrael Gurt fundó la startup Reflectiz en el 2019 junto a Idan Cohen, quien actualmente se desempeña como CEO de la compañía. Tienen cuarenta empleados repartidos entre sus centros de desarrollo en Ramat Gan, en Israel, y en Boston, en Estados Unidos.
Gracias a su plataforma para gestionar la exposición de los sitios web y apuntalar su protección, la empresa de ciberseguridad anunció en noviembre último que recolectó nada menos que 22 millones de dólares en una ronda de financiación Serie B.
La ronda, que fue liderada por el fondo de capital riesgo estadounidense Fulcrum Equity Partners en su primera inversión en una empresa israelí, llevó el volumen de financiamiento en las arcas de Reflectiz hasta los 28 millones de dólares.
«Actualmente tenemos alrededor de 140 clientes, la mayoría de ellos grandes, incluidos los principales sitios de medios, bancos y de comercio electrónico, e ingresos anuales de millones de dólares», le contó Gurt al portal Globes.
Un «hacker bueno» con vida kosher
Durante la entrevista, el emprendedor judío ultraortodoxo recordó que, a pesar de ser un hacker renombrado y encabezar una sofisticada firma de ciberseguridad, no deja de llevar una vida kosher, de acuerdo a las estrictas normas religiosas judías.
«Tengo un teléfono móvil de la vieja generación, sin internet, que uso solo para llamadas. En el trabajo, uso una computadora y cuando salgo de la oficina, no estoy en línea. En mi vida personal, es una gran ventaja, porque me permite desconectar y estar con mi familia», describió.
Gurt nació en Haifa, en el norte de Israel, hace treinta y cinco años, en el seno de una familia ultraortodoxa bastante normal pero con un detalle: su padre había trabajado en tareas de informatización en un ministerio.
A los trece años, cuando ya estaba estudiando en la ieshivá, su papá le regaló un libro de codificación. El jovencito Ysrael lo recibió con gusto, aunque había un problema: su segundo idioma, después del hebreo, era el idish, y no sabía ni una palabra de inglés.
Siguió aprendiendo -inglés y codificación- por su cuenta, y en el 2011 empezó a trabajar como programador en una empresa local. «No tenía ninguna experiencia práctica, pero tenía confianza: cuando me preguntaron si sabía programar para la web, dije que sí», confesó.
De la ieshivá al «sombrero blanco»
En los tres años que trabajó en esa compañía, Gurt se convirtió en un hacker bueno o de sombrero blanco y descubrió muchas debilidades de seguridad en websites. En el 2013 halló un grave error en un importante sitio israelí, informó a los responsables y lo invitaron a una reunión.
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«Mi madre me advirtió que no fuera porque la policía me estaría esperando, pero fui -relató Ysrael-. Me elogiaron y me preguntaron si me gustaría trabajar para ellos». No quería, pero ese fue el principio de su carrera.
En los años siguientes encontró fallas en Facebook, en el Outlook de Microsoft y en aplicaciones de Google, como Gmail. «En nueve meses -le dijo Gurt a Globes-, gané alrededor de 50.000 al descubrir violaciones de seguridad» en grandes empresas y contó con el dinero para lanzar su propia startup.
«Los sitios web modernos son cada vez más complejos, repletos de aplicaciones de terceros, scripts y servicios externos, lo que crea vulnerabilidades ocultas», señaló el portal Tech Funding News en un elogioso artículo sobre la startup de Gurt y Cohen.
«Evaluar y controlar esa creciente superficie de ataque supone un reto para las empresas» y «Reflectiz aborda el problema con una plataforma totalmente sin agentes, impulsada por IA, que monitorea continuamente toda la actividad del lado del cliente de forma remota, sin necesidad de modificar el código ni acceder a los datos», explicó la reseña.
Y todo eso bajo la mirada atenta de un emprendedor judío ultraortodoxo vestido de negro, un hacker bueno con sombrero y un teléfono móvil de vieja generación.

