No solo el antisemitismo, disfrazado de antisionismo, es parte de la retórica de la izquierda argentina, en la que no solo atacan a Israel y a los judíos, ahora también eligieron a los evangélicos como blanco de su discriminación y estigmatización. El Licenciado Sebastián Carnival lo expresa en esta editorial.
El verdadero “escándalo” no es el 22% evangélico, sino el desprecio
Lo que expresó Gabriel Solano —“es deprimente que el 22% de los argentinos sea evangélico”— no es una opinión política ni un análisis ideológico.
Es una afirmación cargada de desprecio y estigmatización hacia millones de personas que viven su fe con respeto, compromiso social, vocación de servicio y apego a la convivencia democrática.
Calificar a un colectivo religioso como “deprimente” constituye una forma de discriminación y contribuye a un clima de intolerancia que daña el tejido social y la pluralidad que una democracia sana debe proteger.
La comunidad evangélica en la Argentina no es una abstracción ni una consigna: es acción concreta y servicio cotidiano en todo el país.
Entre muchas otras tareas, acompaña y sostiene:
- Hogares y programas de contención para mujeres víctimas de violencia y para mujeres que atraviesan embarazos en contextos de alta vulnerabilidad.
- Centros de prevención y tratamiento de adicciones, como el Programa Vida, que trabajan con personas y familias atravesadas por consumos problemáticos.
- Iniciativas permanentes de asistencia a personas en situación de calle, brindando alimento, abrigo, escucha y dignidad.
- Miles de escuelas que educan y forman a niños y jóvenes con excelencia académica y valores.
- Instituciones de educación superior, como la Universidad Evangélica, que contribuyen al desarrollo profesional, ético y social del país.
- Programas de acompañamiento y reinserción para personas privadas de la libertad, apostando a la rehabilitación y a nuevas oportunidades de vida.
Este entramado social y comunitario no merece burla ni descalificación. Merece respeto, como lo merecen todas las expresiones religiosas y culturales que conviven en nuestra sociedad.
Por la gravedad de sus dichos, corresponde una retractación pública y una disculpa formal hacia la comunidad evangélica y hacia todos aquellos que creen en una Argentina plural, inclusiva y respetuosa.
La convivencia democrática se fortalece cuando se debate con ideas, no cuando se estigmatiza a las personas.



En resumidas cuentas, NUNCA HUBO DIFERENCIAS ENTRE EL COMUNISMO Y EL NAZISMO!! Hitler como también Stalin tuvieron las mismas ideologías pero con un disfraz distinto y hoy esta pseudo izquierda que yo llamo «sucialista» sigue exactament el mismo camino con otro disfraz que se llama «islamismo» del cual reciben hoy los dólares ensangrentados.