La máxima emoción macabea. Por Alfredo Leuco

Leuco
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Es mi sexto viaje a Israel desde el 7 de octubre. Pero el primero fuera de mi trabajo periodístico. Solo fue para visitar amigos, familia y fortalecer la esperanza.

Gracias a Waldo Wolf, Esteban Bluvol y Caio, de FACCMA, que me otorgaron el honor de desfilar con la delegación argentina.
Experimenté dos emociones distintas con las mismas lágrimas.

La emoción por ausencia, en el Kotel, en recuerdo de mis padres, abuelos y todos los valientes caídos en todos los combates por nuestra existencia como pueblo.

Y la otra, es la emoción por presencia. Porque en ese estadio de última generación más de 35 mil personas de todas partes del mundo demostraron coraje, solidaridad con Israel, diversidad y unas ganas de vivir en paz para celebrar la alegría.

Las delegaciones más numerosas, las de Israel, Estados Unidos, México, Brasil y la nuestra pusieron los cánticos y el colorido multitudinario. Pero el nudo en la garganta se produjo cuando pasó el único integrante de la delegación de Zimbabwe, o aquellos que sufren el antisemitismo ultra izquierdista de Cuba, los que se envolvieron en la bandera de Ucrania en plena guerra contra el invasor ruso. Salté y canté la gloria al paso de los alemanes. Eran muchos agitando banderas de su país y de Israel. Pensé que Hitler se estaría retorciendo en su tumba. Y en ese símbolo de resiliencia que nos identifica. Ni la Shoa pudo exterminarnos.

Todos los colores de piel, todas las razas, todos los sexos, cantando el Hatikva desató cataratas en nuestros ojos. Las banderas flameaban, los artistas y la tecnología puesta al servicio del show de inicio. Organizacion y seguridad descomunal en un estadio con los requisitos de UEFA donde juegan la selección que lleva el Maguen David en el pecho y los equipos del Beitar y el Hapoel. Su nombre homenajea a Teddy Kollek, alcalde genial de Jerusalén entre 1965 y 1993.

Ahora están en plena competición los diversos deportes. Todos quieren ganar y ser campeones.

Lo más importante es que los participantes (y me incluyo de colado) ya triunfaron por rendir tributo a los macabeos que son los que nos marcan el camino. En el año 167 aC, con el objetivo de helenizar a la población en Jerusalén prohibieron el rito judío, la práctica del Shabat, la circuncisión, entre otros. Eso provocó un rebelión encabezada por la familia sacerdotal de los macabeos que ganaron su combate.

Es una forma de vivir que nos hizo llegar hasta acá sin permitir la esclavitud, el sometimiento ni el genocidio de nuestro pueblo.

Cada linterna de los celulares que llenó de estrellas las tribunas en la noche de Jerusalén comunicaron a nuestros enemigos que todos somos macabeos. Y que Am Israel Jai es una verdad de hierro. El pueblo judío vive.

Alfredo Leuco

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