Calahorra: testigo de lejanos buenos tiempos de convivencia

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Calahorra es un municipio de España y ciudad de la comunidad autónoma de la provincia española de La Rioja, de donde son originarios los mejores vinos del país. Actualmente tiene en torno a 25 mil habitantes y destaca por su producción agrícola, sus viñedos y su antigüedad. Asentada sobre un poblado de los antiguos vascos, los romanos la refundaron como Calagurris Nassica Iulia que se hizo famosa con el asedio de Pompeyo, pues prefirió que murieran de hambre casi todos sus habitantes antes que rendirse al enemigo.

Es, además, cuna de personajes como el gran maestro en oratoria, Marco Fabio Quintiliano, o el poeta cristiano de la Antigüedad, Aurelio Prudencio. De aquella lejana época vinculada a Roma data la presencia judía en la zona, atestiguada desde el siglo III, mientras que en la propia Calahorra consta la presencia de hebreos al menos desde la definitiva conquista cristiana en el año 1045 a través de contratos de compraventa o intercambio de propiedades.

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En esos primeros tiempos, la comunidad judía tiene autonomía jurídica y algunos de sus miembros se encargan de administrar el patrimonio real y recaudar impuestos. Datos que confirman esta integración social, pueden constatarse en la contribución en 1320 a la construcción de unos molinos que aprovechaban las aguas del Ebro, empresa en la que participaron con un 7,5% del presupuesto. Eran épocas en que la aljama calagurritana (gentilicio de los habitantes de la ciudad) se convirtió en la más importante de la provincia, por delante incluso de la de Haro, con una población estimada de 500 almas, un 15% del total, porcentaje que posiblemente subiera durante el siglo XIV.

Los buenos tiempos, no obstante, acaban durante la segunda mitad del citado siglo XIV, con el impacto de la guerra fratricida entre Pedro I y Enrique de Trastámara, en el transcurso de la cual incluso algunas juderías fueron asaltadas. Esta situación provocó que en 1370 un grupo de judíos de Castilla, muchos de ellos procedentes de Calahorra, emigrase a Navarra, donde fueron acogidos por la reina Juana, esposa de Carlos II el Malo.

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La situación no mejoró mucho durante el siglo siguiente, en el que la legislación discriminatoria aumentó significativamente, sobre todo a partir de las Leyes de Ayllón de 1412. En Calahorra, este ambiente cristaliza en un progresivo enfrentamiento entre el concejo de la ciudad y la aljama, que a su vez va deteriorando las relaciones entre las comunidades. Un ejemplo de ello es cómo en 1491 los Reyes Católicos obligan a los judíos de Logroño, Calahorra y Alfaro a llevar señales distintivas en sus ropas. Sólo un año después llegaría el decreto de expulsión.

Curiosamente, aunque los restos físicos de la judería de Calahorra son escasos, la ciudad sí ha conservado un patrimonio documental excepcional y de gran valía. Entre ellos destaca la llamada Torá de Calahorra, fragmentos de la cual han llegado hasta nuestros días porque fueron usados como cubierta para dos tomos de las Actas del Cabildo de la Catedral, en cuyo museo se guardan.

Se trata de dos partes que conservan secciones del libro del Éxodo, escritos en una elegante caligrafía hebrea y en piel de alta calidad que parece haber sido reutilizada, lo que le daría aún mayor valor. El archivo también cuenta con una importante colección de contratos de compraventa de tierras y propiedades, de los que tienen un valor excepcional seis fechados entre 1259 y 1340 escritos en hebreo. También se encuentra en este archivo la única copia de las deliberaciones de un concilio provincial de 1323 en uno de cuyos artículos se trata de «cómo han de jurar los judíos» cuando eran llamados a hacer declaraciones en los juicios.

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Al contrario de lo que era más habitual, la judería de Calahorra estaba en la zona más alta de la villa, cerca del castillo y de lo que hoy en día es la iglesia de San Francisco, entonces consagrada al Salvador. Existe constancia documental de que en el año 1336 compraron al Cabildo Catedralicio una serie de terrenos, la Torre de la Cantonera y la mitad de la Torre Mayor, todo en las cercanías de lo que actualmente se conoce como el Rasillo de San Francisco.

La judería estaba totalmente rodeada por una muralla, en la que se abría al menos una puerta, conocida por el nombre de puerta de la judería, que estaba en el punto en el que actualmente se unen la calle Cabezo, la de los Sastres y la de Deán Palacios.

Algunas calles actuales como la de las Murallas o la de San Sebastián recuerdan el trazado y el ambiente medieval de aquella judería. Estrechas callejuelas que aquí y allá se abren en miradores como el Balcón de la calle Cabezo, que se elevan sobre los valles de los ríos Ebro y Cidacos y, especialmente, sobre las huertas que aún hoy en día hacen que la ciudad sea reconocida por la calidad de sus verduras. La antigua sinagoga estaba también en el Rasillo de San Francisco, en el espacio que desde 1927 ocupa el colegio Aurelio Prudencio y que antes había sido el claustro de la iglesia de San Francisco.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad

www.radiosefarad.com

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