
La prestigiosa educadora y escritora judía, Ethel Barylka, está en Buenos Aires y dialogó en exclusiva con Vis á Vis. Dedicada al campo del pensamiento, la educación judía y lo que atañe al área del género y el judaísmo, creó la novedosa y necesaria Revista Iberoamericana de Pensamiento, Cultura y Educación Judía «Milta».
El nombre Milta proviene del arameo y significa palabra, asunto, expresión. Salió al camino pensando que hay asuntos que tratar, palabras que decir, escuchar y expresiones por conocer. Diálogos que fomentar y posibilitar.
Barylka explica que Milta es una plataforma donde quienes piensan en los temas del judaísmo pueden expresarse libremente y compartir sus ideas e inquietudes. La publicación está dirigida a educadores, investigadores, pensadores, creadores, líderes, judíos involucrados que forman parte de la construcción de conocimiento judío y su divulgación.
Milta es una revista independiente, de difusión abierta, que se publica en forma virtual 4 veces al año.
– ¿Cómo surgió la idea de crear Milta?
Gracias a todos los que nos vienen acompañando desde hace mucho tiempo. Un poco porque mi involucramiento con el ámbito de la educación judía latinoamericana, sobre todo, en diferentes ámbitos, me hace estar en contacto mucho con las comunidades y con la gente que está preocupada por los temas judíos.
Y de golpe era esta sensación de que hay gente que necesita espacios para poder expresarse. Por un lado en el idioma propio, también el idioma en cuanto al lenguaje, pero también en el idioma cultural propio.
También por la sensación de que hace falta un lugar donde abrevar, de que la gente no tenía o tiene, digamos, pocos espacios también para poder consultar, para poder pensar de una manera un poco más detenida que no sea la noticia. La noticia es muy importante, pero mi sensación era que lo que en ese momento fue la crisis, ahora estamos en otro momento.
En ese momento era muy importante también poder parar y pensar y no actuar solo desde la inmediatez.
Entonces ahí fue que dije, ok, haría falta algo que permita que cosas un poco más elaboradas, con un poco de distancia, por eso es que los artículos son en general artículos más de fondo, que la persona que escribe tiene un lugar para poder explayarse, porque a veces las ideas son complejas y es bueno.
Y el público judío latinoamericano está muy acostumbrado a que las cosas serias vienen de otro lado y se leen en otro idioma. Pero por otro lado hay un montón de gente en el continente pensando y haciendo, ¿y por qué no darles también una voz propia? Esa fue un poco la idea.
¿Y a qué público está dirigida?
La revista es un híbrido interesante porque no es ni una revista académica ni una revista de difusión masiva. Es algo que trata de ser una cosa intermedia, o sea que permita por un lado tratar los temas con una cierta mirada de profundidad y al mismo tiempo en un idioma que pueda ser manejable por la mayor parte del público. Entonces la revista está destinada a todo aquel que los temas de lo judío, por llamarlo de alguna manera, le preocupan o le ocupan.
¿Y por qué se resolvió que salga cuatro veces en general?
Un poco por lo que te decía recién. Primero porque la idea tiene que ver con fomentar la escritura de por un lado personas que son conocidas en el continente, pero también por otro de personas que es la primera vez que a lo mejor las ves. Eso es parte de lo que queremos hacer.
O sea, convertimos de verdad en una plataforma de referencia. Y para eso, primero hace falta tiempo de organizarse, y segundo, queremos que la gente lea.
No es la “Revista Gente”, no se puede leer en un día. Entonces ahora es ese espacio. Puede ser que en un futuro digamos una vez cada dos meses.
En principio lanzamos una vez cada tres meses que nos parece un ritmo razonable.
Voy a leer un textual tuyo de tu editorial porque quiero saber a qué apuntas con esta frase: «Milta aspira a ser ese espacio donde las palabras no solo se pronuncian, sino que transforman»
Transforman. Hay un tema con el uso de las palabras. Primero la palabra Milta quiere decir palabra, o cosa, o asunto. Depende del contexto en el que se usa.
Hay un abaratamiento del concepto de la palabra que tiene que ver con nuestra generación, con nuestra época, donde se dicen cosas, la gente habla, todos opinan. Ya no hay noticias. Tú abres el noticiero de Israel, por ejemplo, y no son noticias. Todos opinan. Son analistas. Todos dicen cosas. Nadie sabe nada de lo que va a pasar, pero todos tienen hipótesis.
Entonces hay como un abaratamiento de la palabra. La palabra, bien entendida, comunica y conecta a las personas. O mejor dicho, hace que se encuentren. La palabra es un lugar de encuentro.
O sea, yo me abro aquí en el diálogo y tú te abres a mí en el diálogo. No es simplemente que yo digo y tú dices, y yo digo y tú dices. Dialogar es otra cosa. Entonces, en ese sentido, la palabra puede ser transformadora porque la palabra en eso tiene que ver con el encuentro con el otro. No digo palabras para mí, las digo para ti. Entonces esa es un poco la idea.
Cuando lanzaron la revista, explicaste que «los últimos tiempos nos fueron imprimiendo la urgente necesidad de sacar a la luz conversaciones que se daban en los pasillos, cafés, salas de maestros, encuentros profesionales o conversaciones entre amigos». ¿Cuáles son las conversaciones más frecuentes en estos últimos tiempos?
Uy, cuando creí eso estábamos hace más de un año atrás. Sigue siendo válido. La sensación es lo que te decía antes, que pasan muchas conversaciones, pero no en los lugares oficiales, no en las instituciones, no en el establishment. Porque la gente, a partir de la crisis, siente necesidad de comunicarse, de decir cosas, de buscar respuestas, de indagar, de aprender, incluso de estudiar cosas que no sabíamos.
La idea es que esa conversación como que es marginal o de pasillo encuentre un lugar, porque no encuentra un lugar en las mesas directivas, en las direcciones, o sea, en los ámbitos formales. Los ámbitos formales, por lo menos de lo que yo conozco en el continente, son muy políticamente correctos, o tratan de serlo, o piensan que eso está bueno.
O bajan la línea.
Claro, entonces hay cosas que no hay que decir porque no son políticamente correctas, hay otras que no hay que decir porque es meterse en temas problemáticos, hay otras que no hay que decir porque no hay que criticar. Por eso pusimos mucho hincapié en esto que acabas de decir, pero también en que es una publicación independiente. Y si miraste, no hay ningún logo, aparte del de Milita.
Porque no tenemos interés en que sea la guerra de los logos, como digo yo. No hay organizaciones. Hay personas con deseos de aportar, hay personas con deseos de pensar y de expresarse.
Es indudable que hay un aumento de antisemitismo. Siempre hubo, pero estaba bajo la alfombra, lo único que hizo el 7 de octubre es destaparlo. ¿Vos crees que en algún país creció más el antisemitismo?
Mirá, los números, que no los tengo acá conmigo, son bastante notorios en Europa. También en Chile, si ya hablamos de vecinos en el ámbito latinoamericano, Chile es un ejemplo bastante notorio.
El tema del antisemitismo es un tema del cual no soy experta, por lo tanto no es que voy a darte ahora la solución, que obviamente no tengo, pero también hay una distinción que hacer entre lo que es antisemitismo en el sentido de que, como dijiste tú, ahora es políticamente correcto ser antisemita.
Todo el que lo tenía bajo la alfombra ahora lo puede tener encima de la alfombra. Eso es una cosa. Y otra cosa es la posibilidad de la libertad de expresión y la crítica a la política israelí, que a veces en las comunidades se confunde un poco. O sea, nosotros en Israel vivimos una situación y eso creo, como ciudadana israelí, muy, muy problemática, con grandes debates y discusiones internas.
Después del 7 de octubre no son las mismas discusiones, aunque se tocan en algunos casos, con una crisis importante en cuanto al relajamiento social, en cuanto a lo que como país estamos viviendo. Y no puede ser que las comunidades judías de la diáspora no tengan la libertad de poder expresarse libremente y que todo aquello que es crítica sea mal visto.
Porque parte de nuestro mandato moral, lamentablemente, debería de ser, sí poder ser críticos con algunas de las cosas que están pasando.
Porque más allá de lo político, que también es muy importante, hay también dilemas morales importantes a los cuales nos estamos enfrentando como pueblo. Y no podemos evadirnos. Entonces, intentar camuflar con que cualquier crítica es antisionista, o cualquier crítica es antisemita, también es un problema.
¿Cómo ves el estado de Israel?
No suelo escribir de asuntos políticos. Hay dos temas que no toco realmente, ni familia ni política. Pero sí, la situación está mal. La situación está mal… No sé ni siquiera cómo explicarte, Gustavo. Tiene mucho que ver con esto que recién decíamos. Tratar de sostener la esperanza a pesar de lo problemático de la situación, hay momentos muy, muy desgastantes y muy desesperantes en los últimos tiempos.
Todo lo que está pasando en el ámbito del tema de la ley en relación al enrolamiento del sector Haredí, las movidas estas, los juegos políticos atrás de todo esto, cuando por otro lado caen chicos todos los días. Como madre de un soldado, no puedo no estar inquieta. Lamentablemente, cuando te toca, lo vivís de otra manera.
Pero le decía hoy a una persona que no es el tema de si corre riesgo o no corre riesgo físico. La persona, en este caso, mi hijo, no lo corre por la clase de servicio que hace. Pero al riesgo moral, psicológico, espiritual está expuesto todo el país. Y los chicos jóvenes más que nada.
Su generación es la que está viviendo esto. Y las marcas que esto está dejando, tanto en el espíritu como en el cuerpo -y en la mente y la psicología- incluso en chicos que por suerte no han tenido que estar involucrados en combate.
El testimonio de uno de los menores judíos expulsados del avión en España
Es su espacio, es su generación, es su narrativa, es su lenguaje. Son ellos los que están en esto. Entonces, si me preguntás a mí, hoy justo es un día en el que no soy optimista.
Yo creo, lo dije al principio, trato de mantener todavía esa esperanza, que de las grandes crisis a veces surgen grandes soluciones. Sí, como tuvimos la firma de la paz con Egipto después de la guerra de Iom Kipur.
O sea, las grandes fiebres obligan a algún movimiento. Pero no lo termino de ver. No lo termino de ver. El gobierno no cae. De ahí sí te doy una opinión totalmente personal. Y hasta que esto no se mueva, no vamos a ningún lado.
Recuerdo que en 2018 dialogamos en Vis á Vis sobre «Judaísmo en femenino». Aquella vez hablamos particularmente del judaísmo normativo. Hiciste mención a que la inclusión de la mujer es un recorrido que debemos hacer hombres y mujeres que buscamos formar parte de un judaísmo vital. 2018. ¿Cómo ves ese recorrido en el 2025?
Sigue siendo cierto. Mirá, el desafío del judaísmo vital creo que está más presente hoy que entonces todavía. Y no solo en el ámbito de la mujer, a propósito del libro, y sigo pensando que obviamente hay que seguir mucho, que debemos trabajar todavía en el ámbito de la mujer, pero la búsqueda o la conformación de un judaísmo más vital y también más vinculado con la vida, las dos cosas, creo que es un imperativo.
Es un imperativo en Israel, es un imperativo en la diáspora. Todo lo que se ha movido en estos tiempos también tiene que ayudarnos para esto. El otro día estaba pensando en que una de las cosas que nos enseña el Talmud es que después de la destrucción del Templo de Jerusalén, la presencia divina, también fue al exilio.
Es una metáfora, pero por otro lado quiere decir que a partir de ese momento hay un cambio en toda la cosmovisión del judaísmo, incluso en la cosmovisión teológica, Dios se va al exilio. Y pensaba yo que no nos damos cuenta, porque estamos muy metidos, hasta dónde lo que estamos viviendo puede llegar a ser un momento de transformación en la historia nacional. O sea que no es tan cierto que todo se va a volver a acomodar como estaba.
O sea, corremos ese riesgo, pero yo, para bien y para mal, creo que está muy difícil que las cosas puedan seguir como estaban. Primero el quiebre este entre los haredí y el resto en Israel, ante la crisis del ejército, es un quiebre profundo. Porque la sangre de mi hijo no vale más ni menos que la sangre de otro. O sea, acá hay temas muy densos.
No es solo si pagás los impuestos o no lo pagás. Entonces a la gente a veces le cuesta entender de qué estamos hablando. Tenemos más de 900 chicos caídos. 19 suicidios de soldados en lo que va del año. Algo de lo que no se habla. Los miles de heridos. Sí, porque esos son los precios. Esos son los precios de lo que no se quiere hablar que cualquier guerra trae. Cualquier guerra. Y más una guerra de esta extensión. Así que es por eso.
Considero que un judaísmo vital tiene que ver, primero, con un judaísmo que esté conectado con la vida. Que dé respuestas a la vida. Un judaísmo vital tiene que enfrentarse a los dilemas y las problemáticas éticas que estamos viviendo. No se puede quedar en la sinagoga. O sea, no se puede quedar en la ritualidad. Tiene que estar vinculado al día a día. Y eso hace falta en todos lados. También en Israel y también en la Golah (comunidad judía de la diáspora).
¿Y ese recorrido lo ves? ¿De la misma manera que ustedes lo ven en la diáspora?
No. Primero que hay diásporas y diásporas. También hay diásporas más vitales y menos vitales.
En Israel hay una serie de movimientos a nivel judaico que se escucha poco en la diáspora latinoamericana porque ganan otras voces. Está muy vinculado con lo político también lamentablemente, pero sí hay un judaísmo de búsqueda. Tanto en el ámbito espiritual como en el ámbito académico.
Hay movimientos interesantes de cosas que suceden. No movimientos en el sentido de movimientos organizados. Algo que se está gestando. Algo que se da en las comunidades, que se da en la gente.

¿A los jóvenes cómo los ves?
Los jóvenes en Israel… ¿Qué querés que te diga? En la escuela de mi hijo hay diez caídos. Entre ellos Hersh Polín y el Rab de la Yeshivá. ¿Cómo los veo? Los veo primero con una vitalidad que a veces me pregunto de dónde sacan la fuerza. Tienen esa capacidad que tienen los jóvenes de seguir viviendo, gozando y divirtiéndose.
A veces me pregunto: ¿será inconsciencia? ¿O será que uno desde la edad que uno tiene también vive las cosas de otra manera? ¿O pueden ser las dos? Pero en general tenemos en Israel por lo menos una generación muy comprometida. Muy comprometida.
A esos chicos todo el mundo siempre les critican de que están para la pavada, que al menos hagan más que hablar por teléfono, que se ponen aretes… La verdad es que esos chicos están comprometidos y no están asustados, preocupados. Bueno, otra vez. Depende de los ámbitos que te mueves también. Porque Israel es muy variado. Yo creo que estamos más preocupados y asustados los adultos que los jóvenes.
La gente joven, pero de los 30, es otra cosa. Porque son padres de familia, porque son gente que trabaja.
Ese es un tema importante. Los jóvenes jóvenes, los de 18, 20, es otra historia.
Es otra historia. Y en la diáspora hay de todo. Yo creo que hay una lejanía mayor de lo que algunos educadores pretenden simular.
O sea, que sí, que la gente está conmovida y está preocupada, pero a la mayoría de los jóvenes no les quita el sueño. Mientras que a muchos adultos sí. Porque también el recorrido que esos jóvenes han vivido con relación a su conexión con el Estado de Israel, que eso es parte de lo que hay que repensar.
O sea, el tema de que los chicos estén menos conectados, como dicen algunos, no es una consecuencia de lo que pasó. Es una consecuencia de la educación que recibieron en los por lo menos 10 años anteriores. Y eso es lo que hay que revisar.
Hay un artículo en Milta de Marcos Gandelsman que habla sobre «La ética en la educación judía, principios y objetivos de la enseñanza del colegio judío». ¿Cómo crees que debe ser esta enseñanza vinculada a la formación judía?
Primero voy a decir, como Milta, que el artículo de Marcos, que aparte fue alumno mío, creo que está muy bien. No sé si lo viste en detalle, pero creo que está muy bien escrito y creo que es un planteo superinteresante. Mirá, hay quienes dicen que para Levinas (Emmanuel) Dios y la ética es lo mismo.
Yo creo que no hay ninguna posibilidad de pensar el judaísmo sin pensar la ética. O sea, el mandato supremo, el sentido supremo del judaísmo tiene que ver con la posibilidad de una sociedad ética. Todo lo demás es alrededor o todo lo demás viene para eso.
Y es lo que a veces perdemos. Y es lo que a veces perdemos o algunas personas pierden de vista. Que todo lo que uno enseña, todo lo que uno hace, todas las narrativas y todas las fiestas y todos los ritos y tal, en definitiva son, si quieres, medios, muletas, para una formación ética. Para una conducta ética. Ese es el desafío más importante. Y ahí no estamos del todo bien.
Milta es una invitación a las mujeres a romper el encierro egocéntrico, a ampliar la visión. ¿Cómo se logra?
¿Cómo se logra? Así, a golpes, rompiendo.
Romper el encierro tiene que ver con lo que hablábamos antes de la palabra. O sea, tratar de fomentar que la palabra no esté encerrada en sí misma. Sino que uno hable para que el otro escuche.
Escuche y conteste. Y conteste y dialogue o piense. O sea, así.
O nos amplíe a nosotros. Sí, entonces romper un poco out of the box. O sea, salir un poco de la caja.
Y leer algo que a lo mejor no te gusta. Ok. Pero te invito a pensar.
Ya es parte del asunto.
¿Hay un proyecto nuevo?
Mira, te lo voy a conectar con Milta y con algo más que no hablamos. Pero es el 14 de octubre. O sea, una semana después que empezó la guerra.
Fue ante la imposibilidad de estar quieta. Uno de los fenómenos, sabes, en las épocas de crisis, es que hay quienes reaccionan paralizándose y hay quienes reaccionan con necesidad de hacer.
Una mañana me levanté y decidí que tenía que hacer algo y abrí un chat. Uno más de los miles que hay. Un chat que lo llamé Red de Educadores Iberoamericanos. El Chat existe hasta el día de hoy. 572 educadores del continente. Educadores judíos.
La primera cosa a nivel súper espontáneo fue esta necesidad de estar juntos. Esta necesidad de ofrecerle a la gente herramientas.
Yo trabajo con escuelas sobre todo en México y esta sensación de que hay que entrar mañana a clase y pensar: ¿Qué le decimos a los chicos?.
A partir de ahí ir viendo cómo la gente necesita espacios y no hay esos espacios es que aparecen estas cosas. Aparece esto de manera espontánea, pero entonces se va sistematizando un año después en Milta que también fue así, como digo yo, en la ducha.
Son esas ideas de la ducha. Y también lo que vine a hacer a Buenos Aires que es la creación de una red de directores de estudios judaicos. ¿Por qué? Porque todo lo que ha pasado también nos tiene que llevar a repensar qué es la educación judía y hacia dónde vamos, pero en serio.
O sea, hay una problemática que es que gran parte de la energía de la formación de las capacitaciones de los seminarios están puestas en lo metodológico. ¿Cómo se hace para enseñar? ¿Cómo? Y no están puestos en el para qué.
¿Para qué estoy haciendo esto? ¿Para qué estoy enseñando esto? Y también, ¿para qué enseño Hebreo? ¿Para qué enseño Torá? ¿ara qué enseño Historia? Después tengo que pensar qué enseño.
Después de pensar el cómo. Entonces este proyecto creo que va a comenzar a nivel regional, que es un proyecto que está avalado por el Kerem Kayemet de Israel por el Ministerio de la Diáspora, por UnitED, por BAMA en Argentina y con asociación de un montón de otras entidades de la Organización Sionista, el Vaad Hajinuj de México y de Argentina, la Confederación de Comunidades Brasileras. Todos los logos que quieras. La idea es un espacio para quienes conducen la educación judía o sea los que trabajan la parte judía del colegio, que por otro lado es el razón de ser de la existencia de las escuelas judías. Justamente que tengan un encuadre en el cual puedan pensar, repensar y también alimentarse en el colegio.
Es un espacio de pares el encuentro que vamos a hacer, es muy interesante en el sentido que es un laboratorio, no hay especialistas externos. Todo está manejado por los propios participantes porque quien conduce la educación se supone que tiene algo para decir, esa es un poco la idea.

Vaad Hajinuj Mexico