La noche en la que el hebreo sonó en la Catedral

Anoche la Catedral Metropolitana abrió sus puertas para celebrar los 20 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre El Vaticano y el Estado de Israel. Ese acuerdo de relaciones permitió por primera vez que la Santa Sede emplazara su embajada en Tel Aviv e Israel en el Estado Vaticano.

El primer embajador fue Shmuel Hadas, argentino de nacimiento.
La ceremonia fue presidida por Monseñor Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires, junto al Nuncio Apostólico Monseñor Emil Paul Tscherrig y la Embajadora del Estado de Israel, Dorit Schavit, quienes en su debido turno hicieron referencia a la larga historia de encuentro existente entre el pueblo judío y la iglesia católica que permite llegar al día de hoy que comienza en 1904 cuando el Papa Pio X concedió audiencia al Dr Theodor Hertzl, quien buscaba adhesiones al proyecto sionista de crear el estado judío y que tiene como capítulos especiales el Concilio Vaticano II de 1965 y la histórica visita a Israel de su santidad el Papa Paulo IV, una conducta continuada hasta hoy por Juan Pablo II, Benediucto XVI y Francisco.
El denominador común de los oradores fue reconcoer los beneficios que trae al mundo esta relación de diálogo, de acercamiento, entendimiento y conocimiento en la confianza.
Tal vez el punto más saliente fue el final del acto, cuando desde la voz del Jazán (Oscar Fleischer) resonó el salmo 126: «hebreshir hamaalot sub Adonai et shiba tzion hainu kejolemim – cuando el eterno hizo tornar a los cautivos de Sion estábamos como soñando».
Un acto que no pasará desapercibido, un acto que por su fuerza propia resulta la mejor respuesta a la ofensa que semanas atrás un grupo de fanáticos le propinó al diálogo judeo-cristiano.

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