¿Donde nace la Patria? Por Rabino Marcelo Polakoff

Siempre me llamó poderosamente la atención la bendición que la tradición judía prescribe, desde hace milenios, para ser pronunciada por los padres en el momento de la celebración del bat o bar mitzvá de sus hijos, es decir, de su llegada a la mayoría de edad ritual a los 12 ó 13 años, según el sexo.

Su traducción literal reza: «Bendito sea Dios, que me liberó de su castigo». A primera vista, se escucha bastante horrenda.

Es como si el padre (en realidad ambos padres) estuviera esperando este momento tan sólo para librarse de las responsabilidades que hasta allí le cabían por las macanas de sus vástagos. Sin embargo, una revisión más concienzuda de sus secretos podría arrojar cierta luminosidad acerca de qué implica ser padre.
Vayamos entonces a esa maravillosa palabra: «padre». Buceando su origen lingüístico, llegaríamos al latín pater o patris, de la que también provienen padrón, patrono, paternal, patriarca y patrimonio.

No mucho más que ello. Del griego recogeríamos patéer, sin sumar nuevos sentidos a los que ya presentamos. Ahora bien, si nos asomamos más atrás y arribamos al hebreo, nos toparemos con algo por lo menos magistral, que precede y también explica al latín y al griego.

La raíz hebrea P. T. R (pronunciada como «petarani» en aquella bendición para la mayoría de edad de los hijos) implica -como fue señalado- «liberar». ¿Acaso hay otra cosa que caracterice al «patrón», que no sea su capacidad de liberar a los esclavos?

Y bien entendido, ¿no es justamente el padre aquel que tiene la misión de liberar a sus hijos para que recorran por su propia cuenta y riesgo los caminos que ellos mismos decidan emprender?

Claro que para liberar seriamente, quien es liberado debe estar provisto de las herramientas necesarias para construir su independencia, condición sin la cual toda liberación termina siendo siempre ficticia.

Por eso es que la tarea que conduce a la llegada de semejante instante debe estar acompañada de permanentes caricias al imperio de la ley, un territorio más que propicio para no hacer de esa emancipación hacia la sociedad un sendero al desastre.

Pero hay un poco más. La palabra «patria» indudablemente también proviene de esa raíz hebrea, y su sentido en términos familiares es prácticamente homologable a aquello que sucede a nivel general.

Ser «patriota», entonces, acarreará la responsabilidad de liberar a los ciudadanos de un país de todo yugo extraño (tal cual el derrotero iniciado en 1810 y profundizado en 1816) para permitirles ejercer de pleno derecho todo lo inherente a la construcción social de su nación.

La «patria» se presentará así como la posibilidad de realización adulta y responsable, en el marco de la más estricta legalidad, de los sueños tejidos por nuestros antepasados, quienes bregaron por el cuidado de esa misma patria, cuando -todavía en pañales- precisaba de la protección paternal de esos primeros héroes argentinos.

Una tarea que todavía no hemos completado, y para la cual estamos llamados.

Feliz día de la Patria!

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