Uno era judío y sacaba fotos clandestinas; el otro era nazi y retrataba la misma escena: a 78 años del Gueto de Varsovia, una argentina los une

A 78 años del Levantamiento del Gueto de Varsovia
A 78 años del Levantamiento del Gueto de Varsovia

El gueto de Varsovia significó el escenario de mayor resistencia judía contra el genocidio de Hitler. Su levantamiento se produjo el 19 de abril de 1943 durante la noche de día de Pésaj (las pascuas judías) y finalizó el 16 de mayo del mismo año. Aquel episodio ocurrido en la capital de Polonia este lunes cumple 78 años y aún se lo recuerda como la principal revuelta civil contra el nazismo en toda Europa.

Durante cuatro años, miles de judíos tuvieron que vivir encerrados en los guetos, un perímetro cercado por un muro de cemento, maderas tapiadas y alambres de púa bajo la tenebrosa custodia de los soldados de las SS, y más tarde eran enviados a los campos de exterminio. Este sistema que marcó el espanto de la condición humana se lo denominó la “solución final”.

Por un gueto, el de Łódź, andaba ​Mendel Grossman, con una cámara de fotos. Los nazis le habían encargado que documentara la vida allí. Y él hacía esas fotos y otras, clandestinas.

También estaba allí Walter Genewein, un nazi. También tenía una cámara.

Dos miradas opuestas del mismo lugar. Dos experiencias enfrentadas que hallaron quien las uniera: una artista argentina. Con mucho vínculo con esa historia.

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Mirta Kupferminc es hija de sobrevivientes del Holocausto. Superpuso fotos tomadas por un prisionero judío y por un nazi.

Su padre Aron era polaco y su madre, Agnes Mandl Mero, de origen húngaro, actualmente vive en Buenos Aires. Ambos fueron deportados a Auschwitz.

Antes, Aron había sido encerrado en el gueto de Łódź, el más importante de toda Europa después del de Varsovia, a 120 kilómetros al sudoeste de la capital de Polonia.

Con una mirada crítica y punzante, Kupferminc es una de las pocas artistas argentinas que trabaja sobre la temática de la construcción de la memoria y el Holocausto en el mundo y busca dejar su legado en las generaciones futuras.

Además de sus obras, se dedica a indagar con su arte cuestiones relacionadas con los Derechos Humanos en el mundo; también es disertante en temas de la memoria. Y en esa especie de reconstrucción, fijó su mirada en el pasado para construir el futuro mediante el proyecto Testimonio para el Testigo.

Esta expresión artística es un poderoso ensayo visual que consiste en insertar fotografías reales tomadas por Mendel Grossman y unirlas con un retrato tomado por los nazis en el mismo lugar.

"Selfie" de Mendel Grossman, prisionero judío que sacaba fotos a escondidas en el Gueto de Łódź. Kupferminc la usó para su obra. Gentileza

«Selfie» de Mendel Grossman, prisionero judío que sacaba fotos a escondidas en el Gueto de Łódź. Kupferminc la usó para su obra. Gentileza

De esta forma, genera un contrapunto entre sus fotos partiendo de una imagen tomada por un nazi en el mismo gueto. “Me paré adentro del gueto para derribar sus muros”, exclama.

El resultado ha sido un trabajo de gran impacto, un testimonio basado en imágenes del pasado para contar la historia ofreciendo como legado una mirada hacia el futuro para explicar cómo se vivía en los guetos. Además, su obra sirve como material de estudio.

Mi vida antes de mí

“Muchas veces digo que una de las cosas más importantes en mi vida ocurrió antes de mi nacimiento. La vida de mis padres fue la vida, su historia y lo que sufrieron antes de haber nacido fue una de las cosas más importantes de mi propia vida. Esto marcó absolutamente la vida de ellos, la mía y, por supuesto, mi obra”, confiesa Kupferminc.

"Testimonio para el testigo" (2019), técnica mixta, la obra de Mirta Kupferminc. Gentileza

«Testimonio para el testigo» (2019), técnica mixta, la obra de Mirta Kupferminc. Gentileza

De fotógrafo a héroe Kupferminc conocía la historia de Mendel Grossman, un prisionero y reportero gráfico polaco judío que había sido contratado por los nazis para documentar cómo se vivía en el gueto de Łódź.

El hombre registraba todo con su cámara Leica en blanco y negro ya que los nazis querían justificar en qué condiciones vivían y trabajaban los prisioneros en el gueto.

Pero muchos retratos fueron a escondidas: le hizo un tajo al bolsillo de su abrigo y así comenzó a tomar imágenes en forma clandestina. Luego, las repartía entre los judíos para dejar evidencia de lo ocurrido pensando en el futuro, como ejercicio de la memoria colectiva. Como si fueran las cartas de Ana Frank pero en fotos.

En acción. Mendel Grossman, prisionero judío, sacando fotos. Su legado permitió conocer la vida en los ghettos. Gentileza

En acción. Mendel Grossman, prisionero judío, sacando fotos. Su legado permitió conocer la vida en los ghettos. Gentileza

Acorralado por los nazis, Grossman escondió 10.000 negativos sin revelar ya que preveía la liquidación del gueto y presentía que no iba a sobrevivir a la barbarie. Entonces, colocó los negativos en las latas y los metió en el hueco de los ladrillos de su casa. También enterró más rollos para que no sean destruidos.

El material fue buscado y encontrado por un amigo que conocía el lugar del escondite. Son archivos fotográficos que estaban debajo de los escombros y hoy se encuentran disponibles en los principales museos del mundo.

Incluso, académicos e historiadores lo utilizan como material de consulta para realizar investigaciones sobre el Holocausto. Gracias a su revelador testimonio, Grossman se convirtió en uno de los héroes de la resistencia.

Detalle de escritura a mano en la obra de Mirta Kupferminc. Gentileza

Detalle de escritura a mano en la obra de Mirta Kupferminc. Gentileza

La resistencia

En 2017, Kupferminc fue invitada a participar en el Congreso de la Memoria en Santiago de Chile. Allí coincidió con Marianne Hirsch, una prestigiosa académica rumana que reside en Nueva York. Es profesora en la Universidad de Columbia, inventó el término «postmemoria» (postmemory), también es crítica en arte y especialista en fotografía.

Junto a ella estaba su pareja, Leo Spitzer, un historiador nacido circunstancialmente en Bolivia ya que sus padres se habían escapado de la guerra proveniente de Viena (Austria). También es autor del libro Hotel Bolivia y profesor en la misma universidad.

El Gueto de Lodz, por Mendel Grossman. Gentileza

El Gueto de Lodz, por Mendel Grossman. Gentileza

“Ellos me hablaron de la foto de Walter Genewein en el gueto de Łódź. Era un contador nazi oriundo de Alemania, un aficionado a la fotografía. Administraba el dinero que les sacaban a los judíos en el gueto pero no estaba interesado en dar testimonio con su cámara”, cuenta la artista.

El contador nazi le sacó una foto a un grupo de chicos que formaba fila mientras esperaban su ración de comida en la puerta de su escuela, en el gueto de Łódź. La imagen es muy impactante y sirvió como un crudo testimonio de cómo se vivía en los guetos.

Genewein sacaba fotos con rollos de la marca AGFA que tenían una tecnología novedosa para retratar en colores, muy diferente a la Leica en blanco y negro que utilizaba Grossman. Eran tiempos en que los judíos no tenían acceso a nada durante la Guerra.

"El mundo bajo la línea del horizonte", de Mirta Kupferminc: se ve la disección del bolsillo de Mendel Grossman en la parte superior y un carruaje que los judíos utilizaban para transportar mercadería dividido por una línea roja. Gentileza

«El mundo bajo la línea del horizonte», de Mirta Kupferminc: se ve la disección del bolsillo de Mendel Grossman en la parte superior y un carruaje que los judíos utilizaban para transportar mercadería dividido por una línea roja. Gentileza

De paso por Buenos Aires, Hirsch y Spitzer invitaron a Kupferminc a hacer una obra para la exhibición que estaban curando y así surgió el siguiente análisis: ¿Qué estaban mirando esos chicos cuando le sacaron la foto? ¿Estaban mirando a una cámara? ¿Qué veían?

Aquel retrato de Genewein impulsó su obra. “Ahí partió mi trabajo: quise poner a los chicos como sujeto y no como objeto. Ellos también estaban mirando la lente. Me conmovió el acto de mirar y que nos contaran lo que pasaba en el gueto”.

A partir de la foto tomada por un nazi, la artista buscó unos 100 documentos fotográficos de Grossman en el Wiener London Library, el Memorial Holocaust Museum de Washington y el Yad Vashem Museum de Jerusalem.

Así construyó una historia verídica desde un diálogo fotográfico con imágenes reales tomadas por Grossman, un fotógrafo judío, y Genewein, un aficionado nazi.

Al resultado es un contrapunto entre una fotografía tomada por Genewein, la de los chicos esperando la comida en la puerta de un colegio, con las que tomó Grossman entre los años 1939 y 1941. Luego, revirtió la mirada de los chicos fotografiados imaginando qué es lo que estaban viendo.

Judíos entregan acolchados, por Mendel Grossman. Gentileza

Judíos entregan acolchados, por Mendel Grossman. Gentileza

“Walter Genewein fue el disparador que me inspiró para empezar a revertir la mirada de los prisioneros, como que los prisioneros fotografiados no eran objetos; también miraban y nos miran a nosotros. Los puse en un rol activo a los prisioneros que habían sido fotografiados”, explica la creadora.

Durante dos años investigó los archivos fotográficos de los museos en busca de los mejores registros que Grossman había tomado para testimoniar cómo se vivía en los guetos. Su trabajo artístico derivó en un ensayo visual que reúne unas 20 imágenes basadas en fotografías reales.

Una cámara de fotos se asoma dentro de un bolsillo de un saco mientras que en la lente se refleja el rostro de Mendel Grossman. La imagen es verídica, ya que el propio Grossman se sacó así mismo esa foto y además le da mayor fuerza al testimonio brindado por Kupferminc sobre la vida en los guetos. “El levantamiento no es solo el pasado, es la resistencia que sigue hoy a través de nosotros. Como artista yo lo siento”.

“Testimonio para el testigo”

Dentro del proyecto se destaca El mundo bajo la línea del horizonte, cuyo resultado es la disección del bolsillo de Grossman que se advierte en la parte superior y un carruaje que los judíos utilizaban para transportar mercadería dividido por una línea roja. Debajo, se observa la lente de su vieja cámara Leica y un ojo de Grossman como testigo de la escena.

En otro trabajo, hay otra imagen de gran impacto de unos dos metros de alto. La artista insertó una cámara de gran tamaño dentro del brillo de la lente junto con la foto retratada por Genewein, con todas las espaldas de los chicos adelante.

“Lo que hice fue reconstruir con pedacitos de fotos de archivos, inventé la espalda de esos chicos con todas las fotos de la época de ahí y lo construí”, explica Kupferminc.

La artista Mirta Kupferminc. Foto de Alejandro Meter/ Gentileza

La artista Mirta Kupferminc. Foto de Alejandro Meter/ Gentileza

En Almohadas, se observan los colchones y cojines que los judíos depositaban en la vía pública. Están insertados en la lente de la cámara mientras que en la parte superior se observa la secuencia de los negativos originales que había retratado Grossman, todos en blanco y negro. Una mirada crítica de la artista para dar testimonio y ser testigo.

En tanto, en “La marcha” se observa la figura de Grossman con una silueta fantasmal retratando a un grupo de judíos caminando al lado de las vías del tren que resume su obra: cómo el fotógrafo del gueto trabajaba sin ser visto.

Según su creadora, “la temática general nos convoca a nosotros a ser testigos de lo que ocurrió, a no dejar de dar testimonio. Es dar testimonio para los testigos que están desapareciendo y continuar dando testimonio en el futuro”.

"Almohadas", de Mirta Kupferminc; una mirada crítica. Gentileza

«Almohadas», de Mirta Kupferminc; una mirada crítica. Gentileza

Testimonio para el testigo es una obra vanguardista que dio vueltas por el mundo. Comenzó en 2019 en la Fundación Cazadores, en el barrio de Chacarita, y continuó en 2020 durante la pandemia en The Hood Museum, en Hanover (Estados Unidos), con curaduría de Hirsch y Spitzer. El museo también ofrece un recorrido virtual a través de su web.

Este año, el ensayo visual de Kupferminc estará online en el congreso internacional de memoria del Memory Studies Association a realizarse en Polonia, y cuenta con planes para ser exhibida el próximo año en Estados Unidos.

Muchos historiadores y académicos tomaron su trabajo artístico como referencia para explicar lo que acontecía en los guetos durante la Segunda Guerra.

Detalle del reflejo en la lente del fotógrafo en "Testimonio para el testigo", de Mirta Kupferminc. Gentileza

Detalle del reflejo en la lente del fotógrafo en «Testimonio para el testigo», de Mirta Kupferminc. Gentileza

“Quienes trabajan en el tema de memoria encuentran en mi obra como un referente para hablar de la postmemoria. Esto habla de situaciones que uno muchas veces cree recordar, que no las ha vivido personalmente pero que de alguna manera transgeneracionalmente son traumas que fueron pasados de generación en generación”, destaca.

Más allá de sus antepasados, su idea parte de la premisa de poder ofrecer arte. “Siento que tengo una responsabilidad, no como hija de sobrevivientes sino como artista. Soy un artista que hace arte para el futuro, no de aquí para atrás sino hacia adelante. Para esto sirve el arte”.

Maximiliano Kronenberg- Clarín

Mirta Kupferminc es una artista visual argentina multidisciplinaria, conferencista y docente.

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