Una israelí de 50 años, nieta de sobreviviente del Holocausto, le donó un riñón a un niño de Gaza

Idit Harel Segal
Idit Harel Segal

Idit Harel Segal, una mujer israelí casada de 50 años, madre de tres hijos y nieta de sobreviviente del Holocausto, le donó un riñón a un niño palestino de Gaza.

Segal es una derechista acérrima. Cuando les contó a sus seres queridos que planeaba donar uno de sus riñones simplemente para hacer una buena acción, se quedaron estupefactos. Y eso fue antes de que la familia descubriera que el destinatario sería un palestino de Gaza.

«Quería hacer algo grande, y qué es más grande que salvar una vida», dijo Segal a Zman Yisrael. Además, dijo que se inspiró en su abuelo, un sobreviviente del Holocausto que siempre le enseñó a vivir una vida significativa.

“Leí historias sobre personas que donaron riñones y me decepcionó ver que casi todos eran hombres. Me dije a mí misma, soy una mujer fuerte y lo voy a hacer. Sentí algo dentro de mí que decía que era lo correcto», aseveró.

Su esposo, Yuval, estaba desconcertado por la decisión de arriesgar su salud, y posiblemente su vida, por alguien que no conocía.

«¿Por qué no me lo dijiste?», expresó ella citándolo a él. «¿Cómo te haces esto a ti misma? Eres joven, esto no es una broma. ¿Y si uno de tus hijos necesita un riñón?», le dijo el marido.

Si bien Yuval no cuestionó su derecho a tomar decisiones con respecto a su cuerpo, le suplicó repetidamente que no lo hicieran. Y cuando se lo contó a otros familiares, la reacción fue aún peor.

«Me encontré con una oposición de pared a pared. La persona que peor se lo tomó fue mi padre, que tenía mucho miedo, como si me fuera a morir. Tenía un familiar que murió de insuficiencia renal, eso podría ser lo que lo asustó”, expresó Segal.

A su vez, la israelí nieta de un sobreviviente del Holocausto manifestó que la relación con su padre se convirtió en repetidas peleas sobre la donación del riñón (incluso antes de saber que era para un niño de Gaza, siendo una familia de ultra derecha).

El padre en un momento incluso le dijo a Yuval que debería divorciarse de ella por su elección. Padre e hija dejaron de hablar y la pareja no celebró el Seder de Pesaj con la familia como de costumbre.

Los únicos miembros de la familia que apoyaron completamente su decisión fueron sus hijos, de 23, 15 y 10 años. La mayor, Gal, hizó una publicación de apoyo en Facebook que causó sensación en Internet. Su hijo del medio «realmente no muestra lo que siente [pero] dice que es mi elección y que deben respetarme». Para su menor, una niña, “soy una verdadera superhéroe. ‘Un hada’, dice ella», contó la mujer.

“Creo que la razón por la que la mayoría de las personas que donan riñones son hombres es por la diferencia de actitud”, relató Segal. “Seguimos siendo una sociedad patriarcal y los hombres todavía tratan a las mujeres y sus cuerpos de manera protectora, como si fueran una propiedad”.

Segal, instantes previos al trasplante
Segal, instantes previos al trasplante

Una nueva capa de dificultad potencial llegó cuando Segal descubrió que la siguiente persona en la fila para recibir un riñón, que recibiría el suyo, era un niño de tres años de la Franja de Gaza.

Bilal (no es su nombre real) sufría de un defecto renal congénito y necesitó tratamiento de diálisis durante toda su corta vida. Su padre es taxista y su madre licenciada en derecho. Tiene un hermano de siete años.

Cuando quedó claro que el niño necesitaba un trasplante de riñón, y nadie en su familia podía proporcionárselo debido a problemas de compatibilidad y de salud, su padre acordó donar un riñón a una mujer israelí a cambio de que su hijo fuera el siguiente en la lista de prioridades.

El desarrollo hizo que fuera aún más difícil para la familia ideológicamente de derecha de Segal aceptar la donación de riñón. También tocó un nervio personal, ya que tres miembros de la familia fueron asesinados por terroristas palestinos. Los abuelos paternos de Segal murieron en un ataque terrorista en Jerusalén en 1948, cuando su padre tenía un año. Su padre creció en una familia adoptiva, y durante la Segunda Intifada en 2002, su tío adoptivo murió en otro ataque terrorista en la capital.

“Desde mi perspectiva, mi donación fue personal y no política”, aseguró. “Y la noticia de quién estaba recibiendo el riñón no me hizo arrepentirme ni reconsiderarlo ni por un minuto. Sentí que esto era lo que debía suceder. No pasa un día en el que no esté feliz por salvar la vida de esa dulce niña».

Un día antes de la operación, sonó el teléfono. Fue su padre. “Eres mi hija y te deseo suerte”, le dijo.

“Comencé a llorar de alivio, lloré tanto que no escuché el resto de las cosas que me dijo”, relató Segal. “Y luego sentí que no había nada que perder y le dije que el destinatario era un niño árabe de Gaza. Suspiró como si dijera ‘¿Qué puedo hacer?’. Él aceptó este ‘desastre’ de mi donación, así que tal vez no importaba quién lo recibiera».

Cuando llegó al Hospital Beilinson en Petah Tikva para la operación a principios de este mes, Segal pidió ver a Bilal.

“Primero conocí al padre. Sonrió, me trató con cariño desde el principio. Le dije las pocas frases que sé en árabe. Le traje al niño un muñeco y libros para niños de [David] Grossman traducidos al árabe. Al principio me entristeció verlo. Reconocí su apariencia por la imagen en la que se veía saludable, y de repente está con todos los tratamientos de diálisis”, afirmó la israelí.

“Hubo un momento conmovedor en el que la madre, Bilal y yo estábamos juntos en su habitación y yo lo acariciaba y cantaba canciones de cuna en hebreo. Y acariciaba su cabeza. En la tercera canción él se quedó dormido y ella también. Un momento de dulce dulzura. Y luego pensé para mí misma ‘guau, qué está pasando aquí, estoy con una mujer palestina y un niño de Gaza’”, agregó.

Después de la cirugía, Segal les dio todo el dinero que tenía en el bolsillo, 450 NIS (140 dólares). Posteriormente, un activista de izquierda que conoció en el hospital ayudó a recaudar dinero para la familia y hasta ahora ha logrado recaudar NIS 3.000 (920 dólares) junto con ropa, suministros y otros artículos necesarios.

“Mi familia todavía se arrepiente de lo que hice, pero están felices de que esté sana. Lo que me importa es que estoy 100% contenta y feliz con lo que he hecho», concluyó.

 

Vía The Times of Israel

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