¿Una posible herramienta para prevenir la próxima pandemia? Científicos israelíes y checos lograron comprimir tres años de evolución pandémica en unos pocos meses de laboratorio: recrearon en un tubo de ensayo el camino que recorrió el coronavirus desde la cepa original de Wuhan hasta las altamente contagiosas variantes Ómicron.
El resultado no fue una sorpresa total. En agosto del 2021, el mismo equipo había publicado un experimento de evolución in vitro que identificó dos mutaciones en el sitio de unión del coronavirus capaces de mejorar significativamente su capacidad de adherirse a los receptores del tracto respiratorio humano.
Tres meses después, cuando Ómicron apareció en Sudáfrica y los científicos secuenciaron su genoma, encontraron exactamente ese par de mutaciones.
Fue ese momento el que convenció al profesor Gideon Schreiber, del Instituto Weizmann, de Israel, de que la evolución in vitro podía ser algo más que una herramienta de laboratorio: una forma de anticipar los grandes giros de una pandemia. El nuevo estudio, realizado en colaboración con el equipo del doctor Jiří Zahradník de la Universidad Carolina de Praga y publicado en Nature Communications, es el intento más ambicioso de probar esa hipótesis.
Un fast forward hacia las mutaciones
El método consiste en replicar el gen que codifica la zona del virus que se adhiere a las células humanas, usando un mecanismo deliberadamente propenso a errores para simular en fast forward la aparición de mutaciones.
Con células de levadura modificadas genéticamente, los investigadores expusieron millones de variantes resultantes a receptores humanos y luego, imitando la selección natural, conservaron solo las que lograban unirse con éxito.
«No importa con qué variante viral empezáramos: bajo una presión de selección fuerte, una variante notablemente similar a Ómicron emergió rápidamente y dominó toda la población», dijo Schreiber.
El experimento también arrojó luz sobre uno de los grandes misterios de la pandemia: el origen de Ómicron. La variante es genéticamente tan distinta de sus predecesoras que los científicos nunca pudieron explicar del todo cómo surgió.
Desde la universidad israelí aseguraron que el estudio sugiere una respuesta: solo bajo condiciones de presión de selección fuerte, como las que se dan en pacientes inmunocomprometidos con infecciones prolongadas, el virus acumula la cantidad y el tipo de mutaciones que caracterizan a Ómicron.
«Para sobrevivir en esos cuerpos, el virus tuvo que combatir repetidamente la actividad inmune residual e infectar repetidamente los receptores del tracto respiratorio», explicó Schreiber. «Esas —remarcó— son precisamente las condiciones de presión de selección fuerte».
Buenas noticias
El equipo ya probó el método con otros virus. Cuando aplicaron la misma evolución in vitro al SARS, el coronavirus que causó un brote limitado a principios de los 2000, obtuvieron resultados similares: bajo presión de selección fuerte, emergió rápidamente una variante con alta capacidad de adherirse a receptores del tracto respiratorio humano.
«La buena noticia es que, dada su similitud con el coronavirus que causó la pandemia, probablemente ya poseemos inmunidad parcial», señaló Schreiber.
Ahora, la advertencia más concreta del estudio apunta a una medida preventiva más inmediata. «Es fundamental tratar adecuadamente las condiciones inmunosupresoras como el sida antes de que llegue la próxima pandemia global, y proteger a las personas inmunocomprometidas de infecciones y enfermedades crónicas», concluyó el investigador.
La herramienta, sostienen los autores, podría aplicarse en el futuro a otros virus preocupantes para identificar variantes peligrosas antes de que se vuelvan dominantes.
Fuente: Israel Económico.







