Fue una de las pocas estrellas del Hollywood contemporáneo que nunca dejó de apoyar firmemente a Israel, donde rodó una de sus películas más famosas, el éxito Delta Force (1986): Chuck Norris, leyenda de las artes marciales y las películas de acción, falleció el jueves de esta semana en Hawaii, a los 86 años de edad.
“Sara y yo estamos profundamente entristecidos tras enterarnos del fallecimiento de Chuck Norris, un gran amigo de Israel y un amigo cercano”, escribió el primer ministro Benjamin Netanyahu en su cuenta en la red social X (antes conocida como Twitter).
El actor “compartió las artes marciales y la calidez de su carácter con millones de personas en todo el mundo”, añadió el jefe del gobierno israelí. “Que su memoria sea una bendición”, completó Netanyahu.
Según informó la prensa de espectáculos de Estados Unidos, Norris había sido hospitalizado el jueves y falleció en la mañana de ese día. “Si bien preferimos mantener las circunstancias en privado, sepan que estuvo rodeado de su familia y en paz”, dijeron voceros del entorno del actor de Walker, Texas Ranger.
Mientras que “para el mundo fue un artista marcial, un actor y un símbolo de fortaleza, para nosotros, fue un esposo devoto, un padre y abuelo amoroso, un hermano increíble y el corazón de nuestra familia”, señaló el comunicado con el que se anunció su fallecimiento.
Norris, siguió el texto publicado en redes sociales, “vivió su vida con fe, propósito y un compromiso inquebrantable hacia las personas que amaba”. Y “a través de su trabajo, su disciplina y su bondad, inspiró a millones de personas en todo el mundo y dejó un impacto perdurable en muchísimas vidas”, remarcó el texto.
Un duro «creíble»
Comentando la noticia de su partida, el portal Variety apuntó que, “como estrella de acción, Norris poseía un grado de credibilidad que la mayoría de los demás no lograban igualar”.
“No solo apareció junto al legendario Bruce Lee en la película de 1972 The Way of the Dragon (también conocida como Return of the Dragon), sino que era un auténtico campeón de artes marciales”, añadió la publicación, que destacó, entre otros logros, sus cinturones negros en judo, jiu-jitsu brasileño, karate y taekwondo.
Si bien gozaba de esa gran credibilidad, “Norris no salpicaba su trabajo de humor de la misma manera que lo hacían Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis y Jackie Chan”, pero “fue la estrella de acción predilecta para aquellos que buscaban un icono puramente estadounidense”, completó Variety.
Cristiano, conservador y pro-Israel
Políticamente, Norris fue una “rareza” en Hollywood: un cristiano orgulloso y sostenedor de líderes republicanos y otros sectores conservadores. Y, también, de Israel y su pueblo, una relación que se consolidó todavía más a través de su trabajo con la legendaria productora cinematográfica Cannon, propiedad de los no menos míticos israelíes Yoram Globus y Menahem Golan.
De hecho, Golan fue el director de Delta Force, rodada íntegramente en escenarios en Israel. La producción tuvo la potencia delirante de los creadores de Cannon: cuando se necesitó filmar escenas con un Hercules C-130H no hubo mayores problemas, ya que la Fuerza Aérea de Israel prestó uno de sus aviones, con la sola condición de taparle el número de registro.
Además de Delta Force, Chuck Norris filmó en Israel otras dos veces: como protagonista de Hellbound (1994), conocida en algunos países como Al filo del infierno —y la última película producida por la productora Cannon original—.
Se trata de un thriller sobrenatural donde Norris interpreta a un policía de Chicago que viaja a Jerusalén para investigar un asesinato, terminando en una batalla contra un emisario de Satán. Gran parte de la trama transcurre en escenarios históricos de la ciudad.
Mucho antes, en 1975, el actor llegó al país para rodar junto a Robert Shaw el filme Diamonds (1975). Norris tiene un papel secundario (interpreta a un guardaespaldas). La película, que también fue dirigida por Golan, con locaciones en Tel Aviv, fue una de las primeras experiencias de Norris en el extranjero.
«Vote por Netanyahu»
Con tantas visitas a Israel, el actor —nacido Carlos Ray Norris el 10 de marzo de 1940 en Ryan, Oklahoma— terminó haciéndose buen amigo de Netanyahu y un convencido sostenedor de su carrera política. Para las elecciones del 2015, que resultaron en la formación de un gobierno a cargo de Netanyahu, Chuck incluso grabó un mensaje en video pidiendo a los israelíes que voten al Likud.
“Rodé tres películas en Israel —siendo Delta Force mi favorita— y forjé muchas amistades durante mi estancia allí. Tienen un país increíble, y queremos que siga siendo así”, decía el actor en el video.
“Por eso —continuaba— es tan importante que mantengan a un líder que posea el coraje y la visión necesarios para hacer frente a las fuerzas malignas que amenazan no solo a Israel, sino también a los Estados Unidos”.
En un párrafo que resuena con fuerza en estos días de guerra contra Irán, el actor aseguraba que “nosotros, el pueblo estadounidense, necesitamos al primer ministro Netanyahu tanto como ustedes. Un liderazgo débil podría destruir su país: y, de ser así, esas fuerzas malignas podrían centrar su atención también en Estados Unidos”.
“Por ello, les pido, por favor —por el bien de Israel y de todo Oriente Medio—: voten por el primer ministro Netanyahu el día de las elecciones”, cerraba su mensaje proselitista el celebrado actor norteamericano.
La nueva edición del popular y prestigioso estudio World Happiness Report mostró que, a pesar de los misiles iraníes y la guerra, los israelíes siguen estando entre las poblaciones más felices del mundo, pero especialistas en psicología y conducta dicen que quizás no se trata de “alegrías” sino de una resiliencia construida porque “no hay otra opción”.
En el ranking difundido esta semana como parte del reporte producido por expertos de la Universidad de Oxford, la ONU y la empresa Gallup, Israel quedó en el octavo puesto entre los países “más felices del mundo”. El listado se se elabora en base a diversos criterios de la calidad de vida.
Pero la situación aquí puede ser más complicada que una revisión de los niveles de bienestar, la percepción de corrupción y la generosidad de los vecinos, y podría tener que ver con parámetros más profundos, como los que describió a lo largo de su trabajo el profesor israelí estadounidense Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002.
“A finales del siglo XX y principios del XXI, los economistas conductuales, liderados por el profesor Kahneman, descubrieron que, también a nivel emocional, las personas tienden a acostumbrarse a los eventos positivos y negativos”, señaló un extenso artículo del portal Globes, publicado tras la difusión del World Happiness Report.
“Según este enfoque —continuó la nota—, cada persona tiene un umbral de felicidad o alegría, innato o determinado en la infancia, al que su alma se esfuerza por regresar y, por lo general, lo logra, casi independientemente de lo que nos suceda en la vida”.
Para los israelíes, ese umbral tiene mucho que ver con los conflictos bélicos, que vienen marcando al país desde antes de su declaración de independencia en 1948.
El factor 7/10
El artículo de Globes citó una reciente investigación de los profesores Eyal Lahav y Tal Shavit sobre los niveles de felicidad de los israelíes un año antes y un mes después del ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre del 2023.
Los académicos dijeron haber encontrado que “la satisfacción con la vida disminuyó significativamente un mes después” del ataque “y un año después aumentó, pero no volvió al nivel inicial”.
Por otro lado, las emociones positivas “desaparecieron tras el 7 de octubre, pero se recuperaron, no del todo, pero casi por completo”, aunque “la cantidad de emociones negativas se duplicó”.
Acostumbrarse y funcionar
Entrevistado por el portal, Lahav dijo que, “con todo el respeto que merecen las encuestas de felicidad que nos sitúan en una posición privilegiada, observamos un aumento de todas las emociones negativas tras la guerra” que estalló después de la invasión islamista del 7/10, incluyendo “trastornos emocionales como la depresión y la ansiedad”.
Lahav subrayó que “hay una diferencia entre acostumbrarse y funcionar” y que “el hecho de que estemos funcionando no significa que nos hayamos adaptado emocional o cognitivamente” a la situación de guerra y estrés.
“Simplemente significa que no tenemos otra opción”, concluyó el profesor israelí.
La autora del artículo de Globes, Gali Weinreb, describió cómo, a su entender, funciona ese proceso de adaptación tras el impacto del ataque de octubre del 2023. “Durante los primeros días —escribió— nos despertábamos cada mañana con una renovada sensación de conmoción por lo sucedido”.
Con el tiempo, el suceso comenzó a alejarse “y el presente, con sus tareas y desafíos, acaparó nuestra atención: si bien pensar en los acontecimientos no se volvió más positivo, sí se hizo más llevadero para quienes no se vieron directamente afectados”, completó Weinreb.
Una sinagoga de Michigan publicó fotos en las redes sociales fotos de los graves daños causados por un incendio la semana pasada, cuando un atacante estrelló una camioneta contra antes de suicidarse.
Una imagen muestra mesas llenas de frutas y bocadillos que quedaron sin consumir tras el incendio ocurrido al mediodía cerca de un aula de educación infantil en el Templo Israel, en las afueras de Detroit. Las fotos revelan cables sueltos en el pasillo, un techo expuesto y paredes ennegrecidas, incluyendo varias fotos de celebración arruinadas por el fuego. Los rociadores estuvieron funcionando durante horas.
La sinagoga decidió compartir las fotos después de que una publicación anterior de imágenes de las fuerzas del orden resultara «sumamente perturbadora» para los miembros del Templo Israel, según declaró el rabino Josh Bennett a The Associated Press.
«Compartimos estas imágenes porque nuestra comunidad merece ver nuestro edificio con ojos de amor, no con ojos de espectáculo. Este es nuestro espacio sagrado, y seremos nosotros quienes contemos su historia», publicó el Templo Israel en Facebook, compartiendo las imágenes junto con un enlace para contribuir a los esfuerzos de reconstrucción.
Ayman Ghazali, de 41 años, estrelló su camioneta contra la puerta de una sinagoga el 12 de marzo, atropellando a un guardia de seguridad, después de haber permanecido sentado en el estacionamiento durante dos horas. El personal de seguridad intercambió disparos con él antes de que se suicidara, según informó el FBI, que señaló que la camioneta contenía fuegos artificiales de uso comercial y varios bidones de gasolina.
Según Bennett, ninguno de los 150 niños y miembros del personal resultó herido.
En una conferencia de prensa organizada por las fuerzas del orden y líderes religiosos de la zona, el rabino dijo que la congregación de 3.500 familias finalmente regresará a su lugar de culto en West Bloomfield Township.
“Estamos agradecidos con esta comunidad… con cada voz que se ha alzado. Pedimos que esas voces no se callen.”
El imán Steve Mustapha Elturk, de la Organización Islámica de América del Norte, escuchaba cerca y asintió.
“El silencio ante el antisemitismo o la islamofobia es complicidad. Debemos alzar la voz siempre que veamos odio, ya sea en una sinagoga o en una mezquita”, declaró Elturk a los periodistas.
El FBI ha declarado que no ha determinado el móvil del crimen, aunque la exesposa de Ghazali llamó a la policía de Dearborn Heights aproximadamente a la hora del ataque para advertir que parecía angustiado y con tendencias suicidas.
Ghazali, ciudadano estadounidense naturalizado, había perdido a miembros de su familia durante un ataque aéreo israelí en Líbano el 5 de marzo. El ejército israelí declaró el domingo que el hermano de Ghazali, fallecido en el ataque, era comandante de Hezbolá en Líbano. La directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, declaró el miércoles ante un comité del Senado que Ayman Ghazali tenía vínculos familiares con un líder de Hezbolá.
Un funcionario anónimo declaró a NBC News que el ataque acabó con la vida de dos hermanos de Ghazali, conocidos por ser miembros del grupo terrorista Hezbolá, además de su sobrina y su sobrino. Fuentes informaron a CNN que Ghazali figuraba en las bases de datos del gobierno estadounidense por sus vínculos con miembros de Hezbolá, pero no se creía que él mismo perteneciera a dicho grupo.
El Instituto Nacional de Seguros publicó datos exhaustivos que describen el perfil de los reservistas en Israel (FDI), arrojando luz sobre su situación laboral, estructura familiar y características demográficas.
El informe ofrece una visión general de la situación de los reservistas llamados a filas y de cómo se integran tanto en la sociedad como en el mercado laboral.
Según los resultados, la mayoría de los reservistas están activos laboralmente: el 65% son empleados asalariados, el 8% son autónomos y el 5% combinan ambas modalidades de trabajo. Otro 22% no se clasifica ni como asalariado ni como autónomo. Los datos de ingresos muestran que el 55% gana por encima del salario medio nacional, el 28% gana entre el salario mínimo y el promedio, y el 17% gana por debajo del salario mínimo.
Un análisis del estado civil revela que el 53% de los reservistas de las FDI son solteros, mientras que el 43% están casados. Un porcentaje menor (el 3%) está divorciado y el 1% vive en unión libre. Los datos también indican que el 37% tiene hijos menores de 18 años y, entre los padres, el 89% tiene hijos de 12 años o menos.
Desde una perspectiva demográfica, el 80% de los reservistas son hombres y el 20% son mujeres. El grupo de edad más numeroso es el de 22 a 34 años, que representa el 62% del total de reservistas. Le siguen el grupo de 35 a 44 años con un 21%, el de 45 a 66 años con un 12% y el de 19 a 21 años con un 5%.
En los últimos días, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaron que el Sargento Mayor Maher Khatar, de 38 años, de Majdal Shams, un soldado del Cuerpo de Ingenieros de Combate de la 91ª división, cayó durante un combate en el sur del Líbano.
Durante el incidente en el que Maher Khatar cayó, cayó otro soldado. Se ha notificado a su familia, pero su nombre aún no ha sido autorizado para su publicación, pero se publicará más adelante.
Además, un oficial y un soldado resultaron levemente heridos en el incidente. Fueron evacuados a un hospital para recibir atención médica y se notificó a sus familias.
Atentado con arma de fuego frustrado contra una escuela judía en Manitoba, Canadá.
Interpol y el FBI alertaron a la policía de Manitoba sobre dos adolescentes que planeaban un atentado terrorista y un tiroteo masivo en una escuela en Nueva Escocia y Manitoba. Según la policía, planificaban un ataque coordinado en dos escuelas distintas con la intención de asesinar a varios estudiantes.
Las autoridades de Canadá localizaron planes escritos a mano, mapas de la escuela judía, un artefacto tipo tubo simulado y un rifle de asalto.
Cabe destacar que Ayman Ghazali, de 41 años, estrelló su camioneta contra la puerta de una sinagoga el 12 de marzo, atropellando a un guardia de seguridad, después de haber permanecido sentado en el estacionamiento durante dos horas. El personal de seguridad intercambió disparos con él antes de que se suicidara, según informó el FBI, que señaló que la camioneta contenía fuegos artificiales de uso comercial y varios bidones de gasolina.
Según Bennett, ninguno de los 150 niños y miembros del personal resultó herido.
En una conferencia de prensa organizada por las fuerzas del orden y líderes religiosos de la zona, el rabino dijo que la congregación de 3.500 familias finalmente regresará a su lugar de culto en West Bloomfield Township.
El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró a los periodistas que no desea un alto el fuego con Irán en este momento.
«No quiero un alto el fuego. Sabes que no se hace un alto el fuego cuando estás literalmente aniquilando al otro bando», dijo.
«Los hemos golpeado con mucha fuerza. No sé si es posible golpearlos más fuerte. Son matones, animales y gente horrible… pero no me sorprende que hayan ejecutado a tres jóvenes por protestar», añadió Trump sobre Irán.
Al preguntársele si cree que Israel estará listo para poner fin a la guerra cuando él lo esté, el presidente respondió: «Creo que sí… la relación es muy buena. Queremos cosas más o menos similares. ¿Saben lo que queremos? Queremos la victoria».
Trump también declaró: “Creo que hemos ganado. Hemos neutralizado su armada, su fuerza aérea, su defensa antiaérea, todo. Nos movemos con libertad. Desde el punto de vista militar, lo único que hacen es bloquear el estrecho [de Ormuz]. Pero desde el punto de vista militar, están acabados”.
En las últimas horas, dos personas resultaron levemente heridas en Rehovot a causa del aparente impacto de una bomba de racimo iraní.
El hospital Magen DavidAdom informó que atendió a un hombre y una mujer de setenta y tantos años que resultaron heridos por una explosión. Ambos se encuentran en buen estado.
Previo al impato de los misiles en Rehovot, el Ministerio de Sanidad informó que en las últimas 24 horas, 150 israelíes heridos han sido trasladados a hospitales como consecuencia del conflicto con Irán, lo que eleva a más de 4.000 el número de hospitalizaciones debidas a los combates.
Irán lanzó cuatro salvas de misiles balísticos contra Israel el sábado desde la medianoche -durante shabat-, incluyendo una con una ojiva de bomba de racimo que impactó en una guardería vacía y otros lugares en Rishon Lezion, en el centro de Israel, sin que se reportaran heridos.
Los lanzamientos en el sur y el centro de Israel se produjeron cuando The Wall Street Journal informó de que Irán disparó dos misiles balísticos contra la base militar estadounidense-británica de Diego García, en el océano Índico, fallando en ambas ocasiones, lo que indicaba que el alcance de los misiles balísticos iraníes era mayor de lo reconocido.
Mientras tanto, el ejército iraní amenazó con «ataques contundentes» contra un importante puerto de carga emiratí si los Emiratos Árabes Unidos permitieran ataques desde su territorio contra dos islas en disputa en el Golfo Pérsico, cerca del estratégico estrecho de Ormuz.
Kuwait también informó de un ataque con misiles y drones a primera hora del sábado, y Arabia Saudí afirmó haber interceptado más de dos docenas de drones.
Irán ha lanzado ataques con misiles y drones en toda la región en respuesta a la campaña de bombardeos que Estados Unidos e Israel lanzaron contra la República Islámica el 28 de febrero en un intento por desestabilizar su régimen clerical y destruir sus programas nucleares y de misiles balísticos.
«Podría haber habido niños en este jardín de infancia».
Los ataques con misiles balísticos de Irán contra Israel, que comenzaron a medianoche en shabat, activaron las sirenas en algunas zonas del sur y centro del país el sábado, obligando a millones de personas a refugiarse repetidamente en búnkeres. El ataque más reciente, alrededor de las 8 de la mañana, tuvo como objetivo el centro de Israel e incluyó un misil balístico con una bomba de racimo, según los servicios de rescate.
Las imágenes mostraban cráteres causados por las municiones de racimo en Rishon Lezion, así como daños en una guardería vacía donde los juguetes y muñecas de los niños estaban esparcidos entre los escombros.
El alcalde de Rishon Lezion, Raz Kinstlich, declaró al sitio web de noticias Ynet en la guardería que la ciudad mantendría cerrado su sistema educativo «hasta que sintamos que nuestros hijos están seguros», y señaló que la huelga «podría haber ocurrido igualmente» un día laborable, cuando el jardín de infancia estuviera en funcionamiento.
La maniobra que realizan en la AFA para salvar a un jugador sancionado con 10 fechas por antisemitismo. Así se tituló la editorial que publicó Ernesto Cherquis Bialo en Infobae. El icónico periodista deportivo falleció este viernes.
Resulta fuertemente indignante advertir una nueva y sigilosa maniobra de la AFA.
Esta vez la naturaleza del hecho excede el límite de lo tolerable. Pues han intentado –e insistirán– salvar a un jugador que ha cometido una de las faltas que la FIFA –y la humanidad– consideramos como de extrema gravedad. Estas son: racismo, discriminación, doping y xenofobia.
La grave ofensa de Arnaldo Pitu González ocurrió el 8 de marzo de este año y fue en oportunidad del encuentro entre Atlanta (2)-(0) Nueva Chicago. El partido fue por la Zona 1 del Nacional B y se disputó en Villa Crespo. Un barrio y club identificados históricamente con la colectividad judía. Luego de una acción violenta ante un rival, el árbitro Ariel Gastón Suarez procedió a expulsar del campo de juego a Pitu González. En tales circunstancias y tal como ocurre siempre, el público local reprobó la agresiva actitud del jugador visitante con silbidos y expresiones desaprobatorias a viva voz provenientes de la platea.
La respuesta del actor expulsado –hombre de gran experiencia pues a sus 30 años había jugado anteriormente en Quilmes, Defensores de Belgrano, Santamarina de Tandil, Patronato de Paraná, Central Córdoba de Santiago del Estero y Aldosivi de Mar del Plata antes llegar a Nueva Chicago– fue repudiable. En primer lugar y mientras se dirigía al túnel llevó su mano derecha al casco de su cabeza en clara y burlona gestualidad de la kipá y unos segundos después llevó la misma mano a la zona genital y de manera reiterada dibujó en el aire con sus dedos índice y corazón una tijera satirizando el sagrado acto religioso de la circuncisión.
Tamaña ofensa generó de inmediato expresiones de repudio. Tanto fue así que el INADI, el Comité de Seguridad –que además le labró un acta contravencional– la diputada Donda, el propio club Nueva Chicago, obviamente Atlanta y otras entidades se manifestaron en rechazo de tan degradante actitud.
Cinco días después, el 13 de marzo, el Tribunal de Disciplina de la AFA le aplicó una sanción de 10 fechas de suspensión. La pena no es casual. El único leitmotiv heredado de administraciones anteriores que sostiene enfáticamente la FIFA actual está referido a las “faltas graves extradeportivas: racismo, antisemitismo, discriminación y xenofobia… Antes que el doping, la agresión a un adversario, al árbitro o a cualquier otro oficial”. Y la AFA actúo en consecuencia.
Esta causa de la FIFA hacia todas las ligas y federaciones miembros surgió del Congreso Anual del 2013. El mismo se llevó a cabo en la Isla de Mauricio (África Oriental).
Resultó una pieza clave para la redacción de esta reforma reglamentaria el presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA, escribano Fernando Mitjans. Él en ese momento era también miembro del Tribunal de Apelaciones de la FIFA. El primer sancionado con 10 fechas a cumplir en partidos oficiales de su selección nacional fue el jugador croata Joe Simunic. Esto ocurrió después del partido de repechaje –para Brasil 2014– que Croacia le ganó a Islandia por 2 a 0 en Zagreb el 19/11/2013. Fue cuando Simunic tomó el micrófono y desde el campo de juego gritó a las tribunas:“Por la patria”. Obtuvoo como respuesta “Listos”, una consigna del régimen croata pro nazi llevado a cabo durante la 2° Guerra Mundial.
Ante la penosa situación generada por la pandemia y antes de que por los pasillos de AFA circulara la iniciativa del Tribunal de Disciplina de considerar una amnistía general para todos los jugadores sancionadosmenos para aquellos que hubieran cometido faltas graves –como en este caso–, se produjo un hecho poco explicable.
El club Mitre de Santiago del Estero que juega en el campeonato de la B Nacional inscribió al jugador Arnaldo Pitu González. Lo hizo en la Oficina de Jugadores de la AFA –libre de Nueva Chicago– el 27 de agosto de 2020.
Por entonces la AFA permanecía cerrada. Se desconocía el dictamen del TAS respecto de la presentación de San Martin de Tucumán. Cabe destacar que de ello dependía la definición del campeonato.
Dos meses antes que la amnistía tomara cuerpo –y que habría de comenzar por la Primera División en orden al comienzo de su torneo– el presidente del club Mitre de Santiago del Estero, Guillermo Raed ya había contratado a un jugador a quien le faltaban 9 fechas por cumplir. Esto es todo lo que aún resta jugar en la categoría para lograr uno de los ascensos.
Más grave aún es que Raed, además de ser el presidente de Mitre es uno de los vicepresidentes de la AFA.
Y haber contratado a un jugador a quien no se podía incluir a lo largo de nueve partidos cuando nadie hablaba de amnistía, suena extraño y sospechoso.
Peor aún si su nombre no aparece en el sistema Comet con el cual se despachan los expedientes.
Y más grave todavía si desde Santiago del Estero alguna o algunas personas influyentes habían comenzado su tarea de lobby. Se buscó poner a González entre quienes serían beneficiados con la anulación de las sanciones pendientes.
Obviamente que para llevar a cabo semejante maniobra se necesitan otros apoyos políticos dentro de la AFA.
Pocas personas pueden pedir libremente expedientes de cualquier estamento y solo un par de ellas ordenarles a algún empleado que “se las alcancen”.
Lo que resulta tan grave como el abuso de poder y la subestimación a la inteligencia de los demás es la naturaleza del propio hecho.
Adviértase que para un vicepresidente de la AFA contratar a un jugador –que no es Messi y ni aún así– que ofendió gravemente a una comunidad no le genera siquiera la obligación ética que impone su cargo.
La publicación de Atlanta que alertó hace unos días sobre la maniobra.
Atlanta a través de su tuit oficial puso en superficie la silenciosa y estratégica maniobra de la AFA al comunicar el 29 de octubre.
“Hay sanciones que merecen ser cumplidas, en particular aquellas referidas a la discriminación, la xenofobia y el antisemitismo», dijeron.
«Es el único camino para ser mejores como sociedad”, agregaron.
A este tuit le siguió otro de Vis a Vis cuyo texto decía: “La AFA le perdonó la suspensión al jugador Arnaldo Gonzalez, autor de gestos antisemitas en la cancha de Atlanta”.
No obstante estas expresiones de indignación, la AFA a través de unos pocos dirigentes con poder sigue buscando la manera para que González pueda ser considerado en la amnistía que comenzó con la Primera División y que en las próximas horas continuará con las diferentes categorías del ascenso.
Difícilmente el Tribunal de Disciplina de la AFA incluya a González entre los jugadores amnistiados.
Irán lanzó ocho andanadas de misiles balísticos contra Israel desde la medianoche hasta la madrugada del viernes (hora local); al menos dos de ellos parecían llevar ojivas de bombas de racimo, dañando viviendas e hiriendo levemente a algunos residentes, mientras que Israel reveló la identidad de varios funcionarios iraníes que murieron en los últimos días.
Según los reportes, un fragmento de un misil interceptado impactó en la Ciudad Vieja de Jerusalén, causando daños en un aparcamiento del Barrio Judío, a unos 400 metros del Muro de las Lamentaciones y del complejo de la Mezquita de Al-Aqsa en el Monte del Templo.
No se registraron heridos, señalaron las autoridades.
Tras el hecho, personal de seguridad israelí acudió rápidamente al lugar de los hechos, donde el impacto dañó una carretera y un muro.
Poco después, agentes de la policía israelí inspeccionaron un parque infantil público, situado justo debajo del lugar donde el fragmento se precipitó hacia el flanco sur de la ciudad amurallada, en busca de más escombros.
Si desde el ascenso de Adolf Hitler al poder y hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial fue “el Arquitecto del Reich”, el hombre elegido por el führer para mostrarle al mundo con obras monumentales el poderío de la Alemania nazi que duraría mil años, luego de la guerra Albert Speer dedicó su vida a otra obra arquitectónica monumental, esta vez sobre su propia persona: buscó reconstruir su imagen y mostrarse ante el mundo como “el nazi bueno”, el tecnócrata apolítico que había puesto su talento al servicio de su país pero que no aprobaba las atrocidades perpetradas por el régimen.
Comenzó a hacerlo muy pronto, durante los juicios de Núremberg contra los criminales de guerra nazis, con una confesión hipócrita: “Hoy considero esencial asumir la responsabilidad y, por tanto, la culpa general por todos los crímenes que fueron cometidos después de que me convirtiera en miembro del gobierno de Hitler, el 8 de febrero de 1942; considero que mi responsabilidad principal reside en mi tácita aceptación de la persecución y el asesinato de millones de judíos”, dijo en su declaración ante los jueces. Con esa “culpa general” se eximía de cualquier responsabilidad personal, con la“tácita aceptación”se ponía por fuera de la maquinaria genocida del Holocausto.
En aquel momento la defensa elaborada por Speer fue eficaz porque estaba en sintonía con una creencia que operaba como mecanismo de negación frente a los crímenes nazis que estaban quedando al desnudo ante los ojos del mundo: semejante horror solo podía ser obra de unos pocos monstruos y Speer no aparentaba ser uno de ellos. Había sido “el arquitecto de Hitler” y el artífice del “milagro armamentístico alemán”, pero no un cómplice del Holocausto. Con esa estrategia no solo se salvó de la horca, que era el destino de los laderos de Hitler, también comenzó a tejer esa leyenda del “nazi bueno” en la que buscaría refugiarse el resto de su vida.
Condenado a 20 años de prisión, salió en libertad la medianoche del 1 de octubre de 1966 y poco después publicó sus memorias —escritas con la ayuda de Joachim Fest y Wolf Jobst Siedler—, que fueron un enorme éxito editorial. El público quedó fascinado porque a través del texto se accedía a una visión íntima del Tercer Reich. Fue su segundo paso para lavar su imagen. El libro también proporcionó una coartada a otros alemanes que habían sido nazis, porque si el propio Speer, tan cercano a Hitler y alto funcionario del Reich, no conocía —como sostenía— el alcance total de los crímenes del régimen nazi y solo estaba “siguiendo órdenes”, ellos también podían justificarse ante el mundo.
En el texto Speer se mostró como un hombre bien educado, de clase media y burgués, en claro contraste con los psicópatas y asesinos que, en el imaginario popular, tipificaban a los “malos nazis”. Speer se convirtió en la encarnación de un mito, el del “nazi bueno”. Esa operación de lavado de cara, sostenida a través de los años en múltiples entrevistas donde se mantuvo a rajatabla en el personaje que él mismo había creado, terminó siendo un éxito. Los cuestionamientos de no pocos historiadores que lo mostraban como un criminal de guerra plenamente consciente de sus actos parecían no hacerle mella.
“Si en Nuremberg hubiéramos sabido lo que sabemos ahora, usted habría sido ahorcado”, le dijo Simon Wiesenthal y solo recibió un incómodo silencio como respuesta. El único encuentro entre el famoso cazador de nazis y Speer ocurrió a fines de la década de los ’70 y fue revelado dos décadas después por el historiador Gregor Hansen. “No dijo nada porque sabía que yo tenía razón”, contó Wiesenthal al referirse a la reacción de Speer. Cuando los dos hombres se encontraron, el nazi llevaba más de diez años en libertad y seguía embarcado en una intensa campaña para lavar su imagen. Pasaría mucho tiempo antes de que esa imagen comenzara a resquebrajarse para dejar al descubierto el verdadero rostro de Albert Speer.
Hitler y Albert Speer, «el Arquitecto del Reich», mirando planos en Berlín
Nacido el 19 de marzo de 1905 en Mannheim, en el seno de una familia donde la arquitectura se llevaba en la sangre, su nombre completo era Berthold Konrad Hermann Albert Speer. Siguiendo el camino de su padre —un profesional de prestigio— estudió arquitectura en la Universidad de Karlsruhe y se perfeccionó en el Instituto Heidelberg y el Politécnico de Múnich. A los 22 años completó sus estudios con una licenciatura en la Escuela Técnica Superior de Berlín-Charlottenburg.
Desde que era un joven estudiante, Speer siguió con atención y simpatía la carrera política de Adolf Hitler, un hombre que prometía el resurgimiento de Alemania como potencia después de la amarga derrota en la Gran Guerra y la humillación del Tratado de Versalles. La coincidencia con esas ideas lo llevó a convertirse en el afiliado número 474.481 del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán en marzo de 1931. Cuando Hitler fue nombrado canciller, en enero de 1933, puso su profesión al servicio del nuevo régimen.
El primer gran desafío profesional se le presentó cuando Joseph Goebbels le encargó la remodelación del edificio destinado al Ministerio de Propaganda que Hitler le había asignado. El estratega comunicacional del régimen nazi quería sorprender a su jefe con un edificio “nuevo” cuando se realizara el congreso del partido, apenas dos meses después. Speer aceptó el desafío y empezó a trabajar contrarreloj. “Hitler no creía que fuese posible cumplir ese plazo, y Goebbels, sin duda para espolearme, me habló de sus dudas. Día y noche mantuve tres turnos en la obra. Me ocupé de que varios aspectos fueran sincronizados hasta el menor detalle”, contó después.
Así se ganó la gratitud del ministro de Propaganda y también llamó la atención de Hitler, que lo distinguió con una invitación a almorzar. Fue el inicio de una amistad que creció con el correr de los años. “Si Hitler tuvo alguna vez un amigo, ese fui yo”, diría Speer después de haber cumplido con la pena que le fijó el tribunal de Nuremberg. Además de esa buena relación con el führer, que favoreció su carrera, también tuvo suerte, porque la muerte del arquitecto oficial del partido nazi, Paul Ludwig Troost, le allanó el camino hacia la cúspide del poder.
Albert Speer en el juicio de Núremberg
Las obras del Arquitecto del Reich
Como arquitecto del Reich su misión fue realizar las obras faraónicas con las que el régimen que duraría mil años debía asombrar y mostrar su poder al mundo. Sus proyectos no tenían una gran técnica artística, pero encandilaban a Hitler por sus gigantescas dimensiones y su estética basada en las arquitecturas egipcia, griega y romana, es decir, la de los grandes imperios de la antigüedad.
Así diseñó y construyó el Campo de Zeppelin, rediseñó el edificio de la Cancillería, llevó a cabo el proyecto del Estadio Olímpico y puso en planos uno de los mayores sueños del dictador nazi: la nueva Berlín, capital del Reich de los Mil Años. Hitler dejó escrito así ese sueño: “En consonancia con nuestra estupenda victoria, lo antes posible Berlín deberá remodelarse urbanísticamente como capital del nuevo y poderoso Reich. Mi intención es poder completar (este proyecto) en el año 1950. Cada oficina del Reich, de los länder, de las ciudades y del partido deberá facilitar toda la ayuda que pudiera demandar el Inspector General de Edificaciones de la Capital del Reich”. Ese inspector, claro, era Albert Speer, que para todo utilizaba materiales fuertes, durables, en el marco de lo que se llamó la “ley de ruinas”. Es decir, mil años más tarde, en medio de las construcciones del Reich del futuro, debían quedar las ruinas de esos edificios, donde las generaciones futuras verían simbolizados los orígenes del imperio más duradero de la historia de la humanidad.
Al mismo tiempo que crecían las obras también lo hacía la amistad de Hitler y Speer. El arquitecto y su familia pasaban fines de semanas y vacaciones con el dictador, dentro de un selecto grupo donde ingresaban muy pocos de los más importantes jerarcas. Los hijos de Speer recordarían muchos años después haber visitado a Hitler, que los trataba como si fueran sus sobrinos, y haber jugado con los hijos del número dos del Reich, Martin Bormann.
Además de «arquitecto del Reich» Albert Speer fue ministro nazi de Armamento y Producción Bélica durante la Segunda Guerra Mundial (The Grosby Group)
Armas y trabajo esclavo
El siguiente gran salto en la carrera de Speer hacia la cúspide del poder nazi fue su nombramiento como ministro de Armamento y Municiones —es decir, un cargo directamente relacionado con la guerra— en 1942, luego de la muerte en un accidente de aviación del hombre que Hitler había elegido para el cargo, Fritz Todt. Fue una designación que llamó la atención y produjo no pocos rechazos, porque a Speer se lo tenía como arquitecto, diseñador y artista, pero no como un hombre que supiera algo sobre la producción de armas.
Sin embargo, no demoró en cerrarles la boca a sus detractores. En poco tiempo, Speer aumentó brutalmente la producción armamentística, con la creación de “comités” de especialistas que instalaron una nueva visión de las necesidades bélicas, más allá de lo que opinaran los jefes militares. Así revolucionó la organización de las fábricas, para que cada una de ellas se dedicara a producir un tipo de armamento determinado. “Speer redujo el número de artefactos de combate, organizó una producción en serie y especializó los establecimientos industriales. Hizo que Hitler se decidiera por una división del trabajo: las fábricas de los países ocupados fabricarían bienes de consumo para el Reich, y la mano de obra alemana sería especializada en los armamentos”, señala el historiador francés Henri Michel en su libro II Guerra Mundial. En los países ocupados no tuvo reparos en apelar al trabajo esclavo para alcanzar las metas de producción.
En cuanto a las armas, dio prioridad a la producción de lo que más se requería en el frente: los cañones, los morteros, las ametralladoras, la munición para la infantería, las armas antitanques, los vehículos motorizados y los tanques. Los resultados estuvieron pronto a la vista: en 1943 la producción de cañones duplicó la de 1942 y creció todavía más durante 1944. Un ejemplo fue la fabricación de tanques, que pasó de 9.395 en 1942 a 18.885 en 1943 y a 27.300 en 1944. Mientras tanto, impulsaba la investigación para crear nuevas armas, como las bombas V1 y V2.
Además, para evitar los daños que podían causar los bombardeos, Speer trasladó las fábricas a refugios subterráneos. En poco tiempo y utilizando trabajadores esclavos, construyó una verdadera “ciudad subterránea” de 213.000 metros cúbicos de túneles, 58 kilómetros de caminos, con 6 puentes y 100 kilómetros de tuberías. Una obra monumental.
Como ministro, Speer aumentó en poco tiempo la producción armamentística de modo feroz y apeló al trabajo esclavo, en los países ocupados, para alcanzar las metas fijadas (X)
“La guerra está perdida”
A principios de 1945, consciente del final que se avecinaba, Speer fue uno de los primeros ministros nazis que se atrevió a decirle a Hitler que la guerra estaba perdida. Aun así, cuando el dictador nazi puso en marcha el “Plan Nerón”, la orden de destruir todas las fábricas para evitar que fueran utilizadas por los enemigos, se negó a cumplirla. Enamorado de sus logros y desobedeciendo al dictador, recorrió el territorio alemán para frenar esa destrucción. Su argumento fue que después de la victoria de los aliados, esas instalaciones pudieran utilizarse en el resurgimiento de una nueva Alemania. Hitler conoció de inmediato la maniobra de su arquitecto preferido, pero reaccionó de una manera impensada. A cualquier otro de sus ministros y colaboradores, esa desobediencia le habría costado la vida, acusado y ejecutado por traición. En cambio, quizás porque el dictador lo consideraba su amigo, Speer no fue detenido ni tampoco destituido.
Más aún, el führer lo recibió con afecto cuando, a principios de abril de 1945, el todavía ministro de Armamentos y Municiones fue al búnker de Berlín para un último encuentro. “Fue un acto de compasión más que otra cosa. Al principio me iba a ir sin despedirme de él, pero vi que eso era una cobardía y una crueldad”, explicó después en otra de las maniobras para lavar su imagen.
Luego de la caída de Berlín, Speer fue detenido y llevado para ser interrogado en varios centros de internamiento para funcionarios nazis. En septiembre de 1945, le anunciaron que sería juzgado por crímenes de guerra y, varios días después, lo trasladaron a Núremberg. Allí debió responder a cuatro cargos: participar en un plan común o conspiración para perpetrar un crimen contra la paz; planear, iniciar y librar guerras de agresión y otros crímenes contra la paz; crímenes de guerra; y, por último, crímenes de lesa humanidad.
Robert H. Jackson, juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos y fiscal jefe estadounidense en el juicio, sostuvo en su alegato que “Speer se unió a la planificación y ejecución del programa para emplear prisioneros de guerra y trabajadores extranjeros en la industria de guerra alemana, que creció en producción mientras los trabajadores se morían de hambre”. El abogado defensor, Hans Flächsner, lo presentó como un artista empujado a la vida política, que siempre había permanecido fuera de toda ideología.
A la hora del fallo, el “arquitecto de Hitler” fue declarado culpable de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, aunque fue absuelto de los otros dos cargos. Lo sentenciaron a 20 años de cárcel y lo trasladaron a la prisión de Spandau, donde cumplió hasta el último día de la condena.
Los acusados en Núremberg sentados en el banquillo entre 1945 y 1946 (Grosby)
El verdadero rostro
Durante más de medio siglo, la operación de lavado de cara que emprendió Speer para crearse la imagen de “nazi bueno” resultó exitosa. Recién en 2005, la transmisión por la principal cadena de televisión alemana de las cuatro entregas del documental Speer und Er (Speer y él), del director Heinrich Breloer, mostró a millones de espectadores el verdadero rostro del “arquitecto de Hitler” a través de una impecable investigación histórica, entrevistas a estudiosos y el testimonio de los propios hijos de Speer.
A través de todos ellos, la película prueba que el supuesto “nazi bueno” había colaborado en el diseño de campos de concentración, que conocía perfectamente el destino de los judíos y disidentes que iban a parar ahí, y que fue el ideólogo del plan para expulsar de sus casas a 75 mil judíos berlineses, cuya única culpa era habitar a lo largo del eje Norte-Sur previsto por Alemania para su proyectada capital del Reich milenario.
“Nos engañó a todos, nos llevó a todos de la nariz. Es imposible imaginar que no supiera (lo de Auschwitz)”, dice frente a las cámaras Albert, el hijo que lleva su mismo nombre y que también es arquitecto. “Siempre aparece algo nuevo sobre él”, lamenta, abatida, su hija Hilde. “No era sólo un engranaje del mecanismo. Era el motor, la fuerza que arrastraba a las deportaciones. Speer era el terror”, lo definió el director Breloer al presentar del documental.
Albert Speer nunca llegó a saber que el mito del “buen nazi” que había construido tan cuidadosamente sobre sí mismo —y que creía más sólido que sus monumentales edificios— se había derrumbado estrepitosamente ante los ojos del mundo con la ayuda de sus propios hijos. Había muerto el 1 de septiembre de 1981, a los 76 años, luego de sufrir un derrame cerebral mientras esperaba ser entrevistado por la BBC para repetir, una vez más, la versión que lo exculpaba. Es posible que, de haber llegado a concretarla, en esa entrevista dijera de nuevo una de sus frases preferidas para despegarse del dictador que había sido su amigo: “En el pecho de Hitler, en el lugar donde debía existir un corazón, había solo un hueco”.