Cuando mis hijos (Flor, soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel, y Facu, a quien le faltan un par de meses para enrolarse en el ejército) eran chiquitos, y durante la noche sentían miedo de los monstruos (o lo usaban como excusa para pasarse a mi cama), yo les decía: “chicos, duérmanse tranquilos, los monstruos no existen”.
Más de una vez también les aclaré que los superhéroes, esos que tenían poderes sobrenaturales o podían volar, tampoco existían. Esto era básicamente para que no intentasen cosas que los podían poner en riesgo como treparse a un balcón.
Qué poco sabía yo de monstruos y de superhéroes hasta el 7/10 del 2023.
Ese sábado 7 de octubre a las 6.29 cuando, por primera vez en cincuenta años, me despertó una sirena, aprendí que existen monstruos y que también existen superhéroes.
Los monstruos del 7/10, como todos los monstruos, cometieron monstruosidades. Aberraciones que mis hijos no podrían siquiera haber imaginado en aquellas noches de temor.
Lo que no sabíamos en ese entonces, ni ellos ni yo, es que de esos monstruos yo no hubiese podido protegerlos.
Los monstruosos terroristas de Hamas y los civiles villanos de la Franja de Gaza ingresaron a los kibutzim del sur y pusieron altísima la vara de la maldad. Ganaron el Oscar a los malos 2024. Porque ni siquiera los nazis actuaron con tanto ensañamiento y alevosía. Ni siquiera los nazis se animaron a tanto.
El kibutz Nir Oz huele a quemado.
Un olor similar al de las tostadas que se te pueden quemar durante el desayuno. Potenciado por mil.
Cruzás una reja eléctrica, levantás la mirada y ves Gaza.
Gaza está “ahí”. Se ve. Está tan enfrente como puede estar tu supermercado o el local donde cruzas a buscarte el helado. Ahí nomás.
Los civiles masacrados, quemados, violados y secuestrados por Hamas veían Gaza cada mañana al despertarse y cada noche mientras les contaban cuentos a los hijos y les decían que no tuviesen miedo porque los monstruos no existen.
Se escuchan pajaritos. Los árboles están floreciendo con el comienzo de la primavera. La masacre ocurrió en invierno. Durante los pocos meses de frío y lluvias en Israel.
Ya se terminó el frío, y los secuestrados permanecen en Gaza, muchos fueron arrancados de sus camas un sábado de Simjat Torá.
Los gatos se acercan desesperados por caricias y afecto. No es falta de alimento, les falta amor. Les falta esa comunidad de la que formaban parte.
No hay que esforzarse para saber que el kibutz Nir Oz era un espacio de felicidad. De familia, de celebración, de amor, de festejos y de encuentro.
Hay un dejo de todo eso a pesar del olor a quemado, a pesar de la soledad del lugar, a pesar de las casas quemadas, a pesar de las puertas baleadas, a pesar de los rastros de sangre.
Ni siquiera después del pogrom del 7/10, los malos han podido borrar el halo de aquella felicidad que Nir Oz supo tener.
Nir Oz hoy está vacío. Ya nadie vive ahí.
Algunos, por cuestiones de seguridad, están desplazados dentro de Israel. Otros están “ahí” enfrente, secuestrados en Gaza, en donde viven en contra de su voluntad desde hace meses. Y otros están viviendo, “de por vida”, en un cementerio. Ese es su nuevo hogar. Ahí es donde sus familiares y amigos pueden visitarlos.
El olor a quemado viene de las casas quemadas. Y de las cosas que había en las casas quemadas. Y de las personas quemadas. Y de los sueños quemados.
Cuando sonaron las sirenas, los habitantes de Nir Oz corrieron a sus refugios, como saben que deben hacer. Pero los refugios no sirvieron de mucho: son para proteger a ciudadanos israelíes de misiles, no de monstruos asesinos.
Los terroristas, para lograr que los civiles salieran de sus casas, y así asesinarlos o secuestrarlos, les arrojaron granadas y provocaron incendios intencionales.
Los Cunio nos recibieron en lo que fue su casa. Hay cuatro generaciones de Cunio que vivían en Nir Oz.
La historia de los Cunio merece un capítulo aparte, pero, en síntesis, una de sus cuñadas y dos de sus sobrinas fueron secuestradas y liberadas en uno de los días en los que intercambiamos un rehén inocente por tres terroristas convictos.
El mundo nos exigió proporcionalidad en la respuesta.
Extraño pedido del mundo, ¿acaso nos estaban pidiendo que quemásemos familias vivas, que violásemos mujeres hasta romperles las caderas, que torturásemos familias? Nosotros no nos animamos a tanto.
Tampoco hubo proporcionalidad cuando los terroristas liberaban a Avigail de tres años, huérfana tras la masacre del 7/10, a cambio de tres prisioneros convictos.
Raro. El mundo, especialmente para los judíos, se convirtió en un lugar raro desde octubre del 2023.
Volvamos a la familia Cunio: sus hermanos permanecen todavía secuestrados en Gaza.
Lucas nos dice que apenas supo que se los habían llevado, pensó en entrar en Gaza a buscarlos. Yo soy el mayor de los cuatro, dice, yo siempre cuidé a mis hermanos, y esta vez no pude.
Algunas de las casas de Nir Oz están abiertas. Entrar en ellas es entrar en una película de terror, entraron los terroristas y el tiempo se detuvo: hay abrigos quemados en los percheros, hay vajilla desparramada en el piso, hay juguetes con los que nadie juega.
Ofelia Roitman, quien se hizo conocida por su sobrino Hernán Feler. Hernán es un comentarista deportivo argentino que, a diferencia de muchos que guardaron silencios cómplices, reclama en cada partido por la liberación de los 134 rehenes.
En la casa de Ofelia, se ven los impactos de bala en la puerta del refugio. Hay sangre junto a la cama. A Ofelia la secuestraron y liberaron a cambio de delincuentes. Cuenta que estuvo sola en una casa particular, a oscuras, sintiendo miedo. El mismo miedo a los monstruos que sentían mis hijos de pequeños.
La biblioteca sigue ahí, una biblioteca llena de libros “argentinos”. Hay libros de tango, hay libros del Che y un libro de Gabriela Cerruti.
Ofelia no era la única habitante del kibutz con una marcada tendencia de izquierda.
En ese kibutz vivían muchos pacifistas con la misma tendencia política. Mucha gente que confiaba en sus vecinos gazatíes, mucha gente que los transportaba en sus autos a hospitales israelíes, mucha gente que hoy está desilusionada con sus vecinos y también consigo misma. Mucha gente que, tras la masacre del 7/10, se ha replanteado sus ideologías de toda la vida.
El 7/10 los terroristas de Hamas y algunos civiles de Gaza no sólo asesinaron civiles inocentes, también acabaron con los sueños de una convivencia pacífica entre palestinos e israelíes.
“Los ayudábamos, los curábamos, nunca pensamos que nos consideraban sus enemigos y querían exterminarnos”, dicen.
Respiras profundo, salís de la casa de Ofelia y seguís caminando.
Los gatos te interrumpen el paso y se entrelazan entre tus piernas. De a ratos parás a acariciarlos. Es imperiosa la necesidad de tocar un poco de vida en un lugar que convirtieron en una sucursal del infierno.
“Esta es la casa de los Bibas”, te dice Roni Kaplan, el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, y ves lo que ya viste miles de veces en fotos y videos. Ves el espacio en donde secuestraron a Shiri, a Ariel y a Kfir.
Casi que ves a los niños pelirrojos en brazos de una madre aturdida y desesperada cubriéndolos con una frazada.
La casa de los Bibas está cerrada.
Afuera, en el porche, hay un sillón con las fotos de los cuatro miembros de la familia. Y digo cuatro porque de Yarden es de quien menos se habla, pero también a él lo secuestraron de su casa un sábado de Simjat Torá por la mañana.
De hecho, a Yarden lo secuestraron primero. De Yarden tenemos los mensajes de WhatsApp que intercambió con su hermana, en donde le cuenta que hay misiles, que hay terroristas, que están en el refugio, que escucha a personas gritar en árabe, que tiene miedo y que va a salir a proteger a Shiri y a los chicos.
También hemos visto el video en donde un par de civiles se lo llevan, ya herido en la cabeza. Y las últimas imágenes que tenemos de Yarden son en cautiverio. Hamas difundió un video, de esos que hacen para inspirar terror en la población israelí que todavía está en shock.
En el video vemos a un Yarden asustado y lloroso hablando a cámara, diciendo que Hamas le ha dicho que mataron a su esposa y a sus hijos, y suplicando que Israel recupere los cuerpos.
En el porche están los juguetes de los chicos: bicicletas, triciclos y pelotas. Juguetes intactos de dos niños de uno y cuatro años secuestrados en los oscuros túneles de Gaza desde hace casi treinta semanas.
Los monstruos existen y entraron en Israel el 7/10 a asesinar, violar, torturar y secuestrar civiles inocentes cuyo único pecado es ser judíos.
Los superhéroes existen, se visten de soldados y reservistas y forman parte del ejército israelí.
Los superhéroes también existen, están secuestrados en los túneles de Gaza haciendo hasta lo imposible por soportar el infierno.
Y en el medio, entre los monstruos y los superhéroes, sobrevivimos un montón de seres humanos que alzamos la voz por quienes no tienen voz.
Autor: Gaby Keselman Lob
TW-X: Sissi Emperatriz
Gaby es abogada. Hizo aliá en enero 2022 junto a su familia (esposo y dos hijos). Es activa en redes sociales con más de 50 mil seguidores donde transmite información desde Israel.