Compartimos la reflexión del Rab Ioni Shalom de la Comunidad Bet Hilel, hoy Parashá Ki Tavo
«Bendito seas cuando entras y Bendito seas cuando salís».
Compartimos junto al Rab Ioni, en la Parasha de esta semana, una hermosa costumbre relacionada con la Mezuzá.
Parashá Ki Tavo.
Shabat Shalom!
Cuidado con lo que muevas, porque pues todo podria moverse.
Cuidado donde apoyes tus manos,
porque, en todo, podrías dejar tus huellas.
Y no es
que las huellas sean imborrables,
pero son huellas.
Cuidado, en todo caso,
en dónde quieras dejar
tus marcas.
Nada es inocente en el sentido,
de que no tenga consecuencias,
y no quisiera que las tuyas
fueran tan inadvertidas, es decir,
que hicieras como si no supieras si te pido que mires dónde te posas
y que no pretendas que no sabías, o no veías.
Cuidado con lo que muevas,
porque en todo podrías dejar tus huellas.
Cuidado donde apoyes tus manos,
porque todo podría moverse,
igual como sigue la vela al viento.
Y no quisiera que digas,
que no querías quien te siga
ni te sigan
habiendo fingido que no sabías
cómo todo, hasta el aire virgen de los hielos,
espera un movimiento
ni hay luz sin sombra
ni voz sin consecuencia
igual que sigue la vela al viento
y la vida donde soples
aliento.
Por lo demás,
adelante, por favor.
Luis Maria Pescetti
Luis Pescetti escribió en una prosa magistral uno de mis poemas favoritos, que en mi opinión retratan a la perfección la parashá de esta semana.
“Ki Tavó el Haaretz”, cuando entres a la tierra, es el comienzo de la parashá de esta semana que es un compendio de lo que Am Israel puede hacer cuando entre a Eretz Cnaan.
Hay una cierta amenaza de maldición divina en el caso de que se desvíen del camino de los mandamientos y leyes, algo recurrente en la torá.
Las reglas, que tanta mala fama tienen en estos tiempos, son de carácter esencial para una vida en sociedad. Sin embargo, también, tenemos que tener la altura y el conocimiento para luego romperlas, en caso de ser necesario.
Un ejemplo de esto, es el Pikuaj Nefesh, el principio que dice que la preservacion de la vida humana, anula cualquier otra regla de salud.
En Majón Guesher, enseñamos la teoría educativa durante tres años, siempre con el norte, de que a la hora de ejercer la tarea del ser madrij, van a haber cientos de obstaculos y problemas que nos harán replantear todo lo que estudiamos y tener que rompr las reglas en el caso de ser necesario.
Viendolo en retrospectiva, el poema de Luis Pescetti podria haber sido incluido en el discurso de Moshé hacía el pueblo de Israel antes de entrar el pueblo.
Cuidado con lo que muevan, porque pues todo podria moverse.
Efectivamente, luego de esos pioneros que salieron de Egipto y que vagaron 40 años en el desierto, hoy podemos afirmar, que todo se movió, que somos un pueblo vivo y tenemos uno de los estados más pujantes del mudno.
Cuidado con lo que muevas…
Luis Pescetti escribió en una prosa magistral uno de mis poemas favoritos, que en mi opinión retratan a la perfección la parashá de esta semana.
“Ki Tavó el Haaretz”, cuando entres a la tierra, es el comienzo de la parashá de esta semana que es un compendio de lo que Am Israel puede hacer cuando entre a Eretz Cnaan.
Hay una cierta amenaza de maldición divina en el caso de que se desvíen del camino de los mandamientos y leyes, algo recurrente en la torá.
Las reglas, que tanta mala fama tienen en estos tiempos, son de carácter esencial para una vida en sociedad. Sin embargo, también, tenemos que tener la altura y el conocimiento para luego romperlas, en caso de ser necesario.
Un ejemplo de esto, es el Pikuaj Nefesh, el principio que dice que la preservacion de la vida humana, anula cualquier otra regla de salud.
En Majón Guesher, enseñamos la teoría educativa durante tres años, siempre con el norte, de que a la hora de ejercer la tarea del ser madrij, van a haber cientos de obstaculos y problemas que nos harán replantear todo lo que estudiamos y tener que rompr las reglas en el caso de ser necesario.
Viendolo en retrospectiva, el poema de Luis Pescetti podria haber sido incluido en el discurso de Moshé hacía el pueblo de Israel antes de entrar el pueblo.
Cuidado con lo que muevan, porque pues todo podria moverse.
Efectivamente, luego de esos pioneros que salieron de Egipto y que vagaron 40 años en el desierto, hoy podemos afirmar, que todo se movió, que somos un pueblo vivo y tenemos uno de los estados más pujantes del mudno.
A partir de un acuerdo con el Comité Olímpico Argentino, el presidente de FACCMA, Esteban Bluvol, juró como miembro del Comité Ejecutivo del COA.
«El lugar en el Ejecutivo del COA para nuestra Federación está hoy representado por Esteban y trascenderá en el tiempo para quien presida la Federación. FACCMA está, de aquí en adelante, en un lugar estratégico y de privilegio, acorde a su historia, su presente y su futuro promisorio», manifestó la Federación en un comunicado compartido en sus redes sociales.
El juramento fue tomado por el Presidente del Comité Olímpico Argentino, Mario Moccia, acompañado por el Secretario General Sergio Groupierre.
Esta alianza le permitirá a FACCMA seguir abriendo puertas, afianzando el rol institucional, fomentando la capacitación profesional, dirigencial, incorporando herramientas, experiencias de gestión y generando principalmente nuevos y sólidos vínculos humanos, que generará un potencial enorme para las futuras generaciones macabeas.
«Seguimos trabajando, seguimos construyendo y escribiendo más capítulos para nuestra Federación. ¡Jazak Veematz!», cerró la Federación.
El pasado siempre deja sus marcas. Algunas están a simple vista y otras, como cicatrices imperceptibles, no molestan hasta que uno las roza con el dedo. Eso es lo que le sucedió a la periodista argentina Giselle Krüger cuando quiso buscar una solución para el desesperante insomnio de Alina, su hija con el conductor de América TV Rolando Graña.
“Cuando vos eras chica, ¿dormías bien?”, le preguntaron a Krüger en una terapia de constelaciones familiares a la que había acudido por respuestas. Así, la periodista y productora televisiva empezó a tirar del hilo de una oscura historia familiar hasta reconstruir con nitidez un pasado aterrador: las noches enteras que pasaba en vela, aterrada, alerta y preparada para defenderse de un hombre que vivía en su casa y podría matarla.
Ese hombre, según cuenta en su primer libro, Malasangre, era su abuelo: un hombre violento que simpatizaba con los nazis y que murió guardando un secreto que se convertirá, para la autora, en la sombra densa de una gran sospecha. “Detrás de esos ojos me observaba el diablo”, recuerda Krüger.
La periodista contó que «Marcelo García, un colega que colaboró con mi investigación, me presentó una fuente infalible: Pedro Filipuzzi, un destacado investigador de nazis que luego de ver la foto y escuchar el nombre del abuelo, expresó que creía haberlo conocido. Sin que alcanzara a preguntarle nada, dijo que la persona que el conoció, había trabajado en la mesa de dinero del Banco Germánico de Américas del Sud, un famoso banco usado por empresas como IG Farben (proveedora del gas utilizado en el exterminio) para triangular dinero expoliado a los judíos cuyo expediente está en curso. El cerebro de ese hallazgo fue este señor. Pedro aclaró: ‘Tuvo que haberse jubilado para marzo o abril del año 1985’. ANSES confirma ese dato: mi abuelo se jubiló el 26/03/1985 bajo la categoría 703 (comisionistas, corredores y cobradores)».
“’Era corredor de bolsa, sí, y admiraba a Hitler’ dijo mi padre, y contó que una vez, al toparse con un judío que estornudó frente a él, el abuelo al regresar tiró la ropa a la basura. ‘Y no quiso afiliarse a un centro médico cuando vio la cartilla, se fue enfurecido, argumentando que era una sinagoga.’. Luego agregó: ‘Tu abuelo odiaba a los judíos y extranjeros, pero nunca supe de dónde venía tal repulsión’. En My heritage descubrí un árbol genealógico. En Facebook, hallé al creador y biógrafo de la familia: Carlos Krüger. Eran parientes lejanos. Tras demostrarle que nos unía la misma sangre, reveló que atesoraba un manuscrito de mi tatarabuela. Era un pequeño diario íntimo con proverbios alemanes donde ella escribía acontecimientos familiares, por ejemplo, el nacimiento de mi abuelo. Conectándome con ese linaje tan fuerte que me llevó hasta allí, encontré un dato alarmante. El día que murió mi bisabuelo, una anotación reza: ‘Pobre mi hijo, descansá en paz. Tu mamá te perdona todo’. El dolor de una madre me interpelaba a través de varias generaciones. Y es que no somos de una sola pieza: la familia del abuelo tenía a su vez, sus propios misterios. La publicación de mi tatarabuela dejaba una huella de algo que jamás se iba a saber. Nada borra los rastros mejor que los años», manifestó.
Malasangre, editado por Plaza & Janes, es una valiente investigación en la intimidad del seno familiar que no teme sacar a la luz los secretos más espeluznantes. Con un vertiginoso ritmo de novela de misterio, pero sin un ápice de ficción, este libro mezcla los avatares de la maternidad con un estremecedor villano real para demostrar que la familia, ese refugio en el que deberíamos sentirnos a salvo, puede ser un lugar aterrador.
Así empieza “Malasangre”
Desearía adjudicarme al villano de esta historia. Presumirlo como una obra majestuosa. Suscribir su maldad al arte, a lo terrible y monstruoso que solo logra la ficción. Reducirlo a un personaje construido por ideas retorcidas que sobrevolaron mi cabeza. ¿Para qué?
El villano existió; el apellido no se puede cambiar. Cada familia cosecha su fábula. Yo todavía cultivo detalles fijados en la memoria: la voz de sus enojos en un alemán perfecto, el olor a vino caliente flotando por la casa, el sonido del interruptor cuando me apagaba la luz. La disciplina en su mirada. Detrás de esos ojos me observaba el diablo. Y del miedo no podía dormir. Reprimía lo que más temía para que no me devorara.
Pero hoy no duerme mi bebé.
El desvelo se repite como un síntoma maldito, la sombra de una condena heredada. Hasta que un día, alguien asocia la imposibilidad de dormir de ella a ese miedo que yo sufría. Y esa conexión se convierte en un portal hacia el pasado.
Enfrento los ojos que antes me aterraban. Les hago preguntas. Ser mamá implica desafiar fantasmas. Algunas veces, exponerlos. Pero insisto.
Que quede claro: él no fue un personaje. Aunque podría haberlo sido.
Uno
Esta madrugada podría morir y mentiría si dijera que no estoy aterrada, reposar en una camilla de quirófano es la forma más estúpida de servirse en bandeja a la muerte. Una luz que encandila, dos opciones: esperar que oscurezca para siempre o confiarme al famoso túnel blanco.
Con gran parte del cuerpo domado por la anestesia examino detalles para atrapar pedazos de realidad. Pero es inútil. Aunque pretenda atesorar cada pieza de esta experiencia, los momentos se escapan entre mis dedos como un jabón mojado. Un médico con cara de dormido entierra sus dos manos en mi panza. Repite siempre los mismos pasos: escarba y tironea con una fuerza capaz de arrancarme el alma. Quizás esté luchando contra el tiempo. A mi derecha, las agujas del reloj también persiguen lo inalcanzable. Todos quieren apurar este nacimiento que aún adeuda cuatro semanas de gestación.
Después de varios intentos, el mismo médico extrae al bebé como si fuera un carozo. En una ofrenda improvisada eleva a la criatura desde los pies y la cabeza, y alcanzo a oírle algo parecido a: “Te presento a tu hijita”, pero es lo último que comprendo. De repente no distingo bien qué pasa, es como si todas las emociones se me subieran a la cabeza. Creo que me voy a apagar. Me voy a negro.
Antes de entregarme por completo al precipicio, la enfermera —que hace minutos me frotaba alcohol por la panza— se acomoda a un lateral de la camilla. Calza fuerte mi mano con tra la suya y la aprieta, como si estuviésemos jugando una pulseada. Envuelve además mi puño con su otra mano, entre sus dedos calibra el peso de la resistencia. Pero estas manos que sostienen mi presente enseguida se abren para soltarme, y caigo sobre una llamarada de fuego: la vida me lanza hacia una esfera que exige reacción.
Escucho voces con eco y quizás todas estén hablándome. Creo que tratan de ubicarme, aunque no puedo captar lo que dicen, es como si los cables del cerebro se me hubieran desconectado. Yo también tengo cosas para decir, pero las palabras no salen, o tal vez nadie me escuche porque mi voz se evapora junto al alcohol que recién me humedecía la piel.
Registro por partes. Una realidad absurda y contaminada. Todo es un gran rompecabezas en el que unas figuras se distinguen mejor que otras. Veo fragmentarse la silueta de mi marido al ritmo que la carita violeta de mi hija va acercándose a la mía. Yo estoy boca arriba y ella igual, pero al revés, y frotamos nuestras mejillas con extrema delicadeza, como si supiéramos lo que hacemos, como si nos conociéramos de tiempos inmemoriales.
El contacto con su cachete calentito y pegajoso se convierte en una hipnosis que me vacía por dentro. Otra vez el desconcierto. Floto. Parece que no tengo más órganos, ni huesos, ni sangre. Avanzo. Gano velocidad. Vuelo. Hasta que aparece un muro. Sé que voy a estrellarme y que el viaje llegará a su fin: una realidad va a impactar de lleno contra este cuerpo que llevo de prestado. El detalle siniestro que devuelve los órganos a su lugar cuando noto el estómago retorcerse igual que un trapo de piso es que mi niña no llora. Me habían contado varias veces que un bebé al nacer grita lo que su madre no puede. Creí que mi voz aparecería a través de su llanto. El cielo también se precipita a su destino y descarga sobre la tierra un diluvio universal. Afuera parece llorar lo que nosotras callamos.
Balanceo la cabeza como un péndulo para adivinar dónde está mi hijita. Tantas veces juré consolarla y ahora solo quiero escucharla llorar. Un paño sanitario verde bloquea gran parte de lo que sucede al otro lado. Así son las cesáreas, no podés ver qué pasa con el resto de tu cuerpo en el momento más importante de tu vida. Entonces, miro fijo el techo, me concentro en la luz blanca y comienzo la letanía. Le pido, le rezo, le suplico: un mínimo lloriqueo sería suficiente para convocar al arco iris.
Distintas bocas estampan besos en mi frente en un adiós fugaz pero sentido y se llevan a mi bebé sin decirme adónde, mientras una daga que circula entre la mandíbula y el ester nón dibuja un eclipse de fatalidad que rechazo convertir en premonición.
Desearía levantarme de esta camilla en la que estoy entregada (literalmente abierta a la mitad) para abrazarla y decirle que todo estará bien. Pero recuerdo que no tengo voz. La desesperación y la voluntad son dos asuntos que no siempre van de la mano. La anestesia reprime sin piedad el impulso de correr a buscarla, de la panza para abajo tengo el cuerpo dormido.
Mis piernas se convirtieron en dos extremidades inútiles, en la continuidad de un cuerpo que ya no me pertenece. Una certeza profética se revela junto a esa metáfora: mi cuerpo ya no es mío. Morir y renacer. De eso se trata.
Giselle Kruger en su boda con Rolando Graña, a la que entró de la mano de su hija Alina, personaje clave de su novela «Malasangre». (RS Fotos)
Eins
No me llevó demasiado tiempo descubrir que en casa del abuelo sucedían cosas extrañas. En todas las habitaciones —amplias y silenciosas— se sentía una presencia aun que estuvieran vacías. “Sos muy fantasiosa”, decía siempre mamá. Por eso, cada vez que yo pensaba en los espíritus, repetía para mis adentros que seguro serían producto de mi imaginación.
Papá invocaba seguido personas que nosotros no conocíamos: Dorita, Pepi, Pola. Aunque a mis hermanos no les importaban mucho, yo me los inventaba, les ponía una cara y los vestía. Los imaginaba interactuando en la casa a cada uno con su voz, pero, cuando descubrí que estaban muertos, enseguida los enterré en mi cabeza y lamenté toda oportunidad de conocerlos.
Papá hablaba de ellos con nostalgia: de la chocolatada que le hacía Pola cuando volvía del trabajo. Que Pepi (su abuelo del corazón) se había carajeado con nuestro abuelo y de un portazo se había ido. Que nuestra habitación antes había sido suya, donde él dormía con su mamá, Dorita. Papá repetía y repetía esas historias como para no olvidárselas. Cuando terminaba la anécdota, le preguntaba a mamá: “Vos te acordás de ellos, ¿no?”. Y ella le sonreía con pena, con cara de no estar segura de si lo sabía porque lo recordaba o porque se lo había aprendido como yo, de tantas veces que lo escuchó contarlo.
Cada habitación de la casa había sido un escenario para esos personajes que parecían salidos de un cuento. Los rincones escondían secretos que mi cabeza apenas podía imaginar. Las paredes, testigos absolutas de mis bisabuelos vivos, de cada secreto y cada detalle. En cambio, yo, al único que conocí en carne y hueso, fue precisamente al hijo de ellos: mi abuelo; sin embargo, debo admitir que en realidad nunca supe bien quién era.
Mi abuelo estaba acostumbrado a estar solo. La paz reinaba en su vida hasta que nos mudamos a su casa. Fue en el verano de 1990, mi mamá hablaba de inflación y compraba leche: cartones y cartones; alacenas repletas que llenarían también la casa del abuelo. Cuando llegamos a nuestro nuevo hogar, la puerta de abajo estaba abierta y subí los dos pisos por escalera casi sin tocar el suelo.
—¡No te sueltes de la baranda! —gritó papá a mis espaldas mientras hacía equilibrio abrazado a una pecera con cuatro pececitos naranjas.
Tres escalones antes de llegar al pasillo de entrada, levanté la cabeza y lo vi por primera vez: fue como mirar al sol. Mi abuelo era pelado igual que mi papá, pero tenía unos ojos grandes y verdes como nadie en mi familia. Nos observaba serio y con las manos escondidas en la espalda. Subí los escalones que quedaban con el corazón un poquito roto.
—¿Cómo andás, viejo? —preguntó papá, apurado por entrar primero. El abuelo le devolvió el saludo con una falsa sonrisa, y yo aproveché la pecera para escabullirme sin saludarlo.
Mientras mis hermanos y mi mamá subían y descargaban cajas, corrí al living a tirarme sobre un sillón de cuatro cuerpos que en algún momento habría sido dorado, pero antes me descalcé parada y froté mis pies sobre una alfombra roja que parecía recién puesta. La sensación de la piel sobre el terciopelo hizo que me sintiera acariciada por el piso. Por un instante pensé que el abuelo la había mandado a colocar para nosotros, pero cuando escuché el tono de su voz entendí que no era el caso: nadie le pone una alfombra roja a quien no es bienvenido; y nosotros, por cierto, no lo éramos.
Con tono de fastidio el abuelo dijo:
—¡Gustavo! ¿Te falta mucho?…
Mi papá, el abuelo y mi hermano mayor se llamaban igual. Aunque suene extraño mis padres confiaban demasiado en el poder de las iniciales y a los cuatro nos pusieron nombres con G: Gustavo, Gilson, Giselle y Glenda. Ellos eran Gloria y Gustavo. Un código. Un detalle de color sobre la portabilidad de los nombres, como si bautizar a un hijo igual que su padre o abuelo garantizara cierta dinastía. Algo demasiado paradójico en este caso. Igual que las cosas que estaban a punto de suceder.
Quién es Giselle Krüger
♦ Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1985.
♦ Es periodista y productora de televisión en América TV y A24.
♦ Está casada con el periodista Rolando Graña, con quien tiene una hija.
El especialista en Relaciones Internacionales y ex embajador en Israel y Costa Rica, Mariano Caucino, expresó que «veinte años de kirchnerismo demuestran una enorme derrota de la Argentina, en medio de millones de pobres y la sensación de vivir en un país económica, moral y económicamente quebrado».
En el Foro «Las PASO Argentina»: naturaleza, resultados y efectos, Caucino remarcó sobre el presente del país que «se ha duplicado el gasto público para dar las peores prestaciones en materia de justicia, seguridad y salud».
Mariano Caucino @CaucinoMariano: Veinte años de kirchnerismo demuestran una enorme derrota de la #Argentina, en medio de millones de pobres y la sensación de vivir en un país económica, moral y económicamente quebrado. Se ha duplicado el gasto público para dar las peores… pic.twitter.com/AvtGvXT2Qt
El diplomático escribió varios libros sobre política internacional e historia argentina, y es colaborador habitual en medios gráficos y audiovisuales.
Quien fuera embajador de Argentina en Israel entre 2017 y 2019 remarcó hace pocos días que «el ingreso de la Argentina a BRICS tiene lugar en conjunto con otro grupo de países entre los que se encuentra la República Islámica de Irán. Un país que es gobernado desde 1979 por una teocracia fundamentalista promotor de una agenda anti-occidental que promueve la destrucción del Estado de Israel, busca un programa nuclear que compromete la paz y la seguridad internacional y recurre al uso del terrorismo tal como hemos comprobado en carne propia los argentinos en el pasado reciente».
«La adhesión a BRICS -en estas especiales circunstancias- implica a su vez asociarnos más activamente con un país observado por su comportamiento internacional inaceptable. Toda vez que la invasión lanzada por la Federación Rusa contra el territorio soberano de Ucrania implica una ruptura del orden internacional basado en el sistema de las Naciones Unidas», añadió.
En una editorial titulada «20 años de kirchnerismo», que difundió en abril de este año, remarcó que «nos quisieron hacer creer que daba lo mismo trabajar que no trabajar. Estudiar que no estudiar. Cumplir con la ley o delinquir. Nos han dejado un saldo de millones de pobres. En medio de un festival de aumentos de impuestos, amenazas de expropiaciones y hasta el aval estatal a las tomas de tierras».
El yoga, es una práctica muy antigua que tiene su origen en la India, en la que se enmarcan una serie de técnicas mentales y físicas que ayudan a preservar la salud. Es considerado una ciencia y un arte sugestivo y profundo, con el cual, a través de una educación personal entre maestro y discípulo, se intenta conseguir que la persona sea capaz de desarrollar ciertas cualidades positivas. Es especialmente útil en la actualidad, ya que vivimos sometidos a un gran estrés que en muchas ocasiones nos impide realizar nuestras tareas de forma correcta, además de afectar negativamente a nuestra salud. Aunque su origen sea el lejano oriente y muchas veces se le haya identificado con el budismo, considerar el yoga como una religión es un error, ya que no existe en ella una creencia dogmática, sino que sólo hay que tener fe en el propio potencial del cuerpo humano, estableciendo una relación entre cuerpo y mente que devuelve el equilibrio al organismo. Su principal finalidad es la conducción adecuada de la energía humana, con el fin de conseguir la calma, el bienestar y la felicidad, en armonía con la naturaleza y a desarrollar la sensibilidad, así como a multiplicar el poder de concentración. A todo ello hay que añadir que el yoga requiere una rutina diaria muy estricta. Hay una gran variedad de ejercicios físicos y mentales que proporcionan la relajación y la fuerza necesaria para hacer frente a la vida. Estos objetivos sólo se pueden lograr mediante la realización de una serie de ejercicios que requieren una autodisciplina absoluta. Las diferentes técnicas que emplea esta disciplina tienden a fortalecer y dar elasticidad a la columna vertebral. Además, intenta estimular la vida del corazón, los pulmones y la circulación mediante unos ejercicios respiratorios regulares. Quienes lo practican aseguran que una respiración lenta y profunda ayuda a conseguir una mejor concentración. Otra finalidad es conseguir un estado de relajación que permita realizar las actividades cotidianas de forma óptima. Todo ello está encaminado a conseguir una prolongación de la vida.
Los ejercicios mentales que se realizan con el yoga reciben el nombre de ‘Mantras’, mientras que los ‘Asanas’ son las posturas encaminadas a conseguir la relajación. Estas posturas tienen una relación directa con los aspectos mentales. Éstos son los que proporcionan un suave estiramiento que lubrica articulaciones, ligamentos, músculos y tendones. Además, ayudan a liberar tensiones y a aumentar la flexibilidad. Se deben realizar de forma lenta, relajada, y con ropa ligera que permita el buen movimiento del cuerpo.
En cuanto a la respiración, hay que señalar que debe ser completa y profunda, además de ser consciente y de utilizar la totalidad de la capacidad pulmonar para conseguir un proceso de oxigenación de la sangre lo más completo posible, que contribuirá al buen funcionamiento del resto del cuerpo. Con esto se quiere conseguir canalizar el ‘Prana’, es decir, una energía que se encuentra en el aire y en los alimentos.
Teniendo en cuenta que el yoga es el arte de unificación con uno mismo, con los demás, con el cosmos y con Dios, se puede hablar de una especie de ciencia de integración humana. Para esta ciencia es de principal importancia poder controlar aquellos estímulos que provocan preocupación, alteración o tensión, y de los que normalmente no se es consciente.
Según esta práctica oriental, estos comportamientos consumen las energías humanas, debilitando al hombre y haciendo que aparezca el estrés. La mejor forma que señala la disciplina de controlarlos, es la relajación, que se debe realizar diariamente y que es una tarea muy sencilla. Simplemente hay que fijar la atención en lo que se está haciendo y acompañarlo de una respiración constante, suave y profunda, de modo que nuestro cuerpo y mente, sean uno solo trabajando en plena armonía.
Esta disciplina, sin dudas que tiene que ver con mejorar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo circundante, mediante una técnica al alcance de todos, dependiendo de la calidad del maestro, de las ganas de aprender, de las posibilidades físicas y por sobre todo de comprender que con paciencia y aplicación, se puede llegar a la profundidad de nuestra mente para que ella nos ayude a disfrutar más y mejor, cada minuto de nuestras vidas.
Después de decenas de producciones -algunas éxitos rotundos y otras enormes fracasos-, finalmente una película sobre un bat mitzvá reivindicó al cómico judío estadounidense Adam Sandler, habitual blanco de feroces comentarios de la crítica.
En efecto, el nuevo filme, You Are So Not Invited to My Bat Mitzvah, lanzado en español como ¡No estás invitada a mi bat mitzvá!, alcanzó la más alta puntuación de aprobación para una producción de Sandler en el célebre website de críticas cinematográficas Rotten Tomatoes.
Pocos días después de su estreno en la plataforma de streaming Netflix, la película marcó un 96 por ciento de aprobación entre las reseñas profesionales relevadas por el sitio de internet. Entre los usuarios, sin embargo, el número caía hasta el 66 por ciento.
El promedio para esta nueva película supera a otras obras consideradas «serias» que fueron protagonizadas por el popular actor, como Hustle (2022), que marca un 93 por ciento, The Meyerowitz Stories (2017) con un 92 por ciento y Uncut Gems (2019), por la cual incluso se habló de una posible nominación al Oscar, que tiene el 91 por ciento.
«Dicho esto, siempre existe la posibilidad de que críticas negativas adicionales» sobre el nuevo filme «puedan alterar la clasificación más adelante», advirtió un comentario de The Hollywood Reporter.
La puntuación, toda una noticia
Toda la prensa especializada en espectáculos se hizo eco de la puntuación de la película de Sandler en Rotten Tomatoes: es que los filmes del comediante suelen ser destrozados por los críticos, salvo que se trate de películas «serias» o creadas por directores prestigiosos.
En el mismo website, por ejemplo, Murder Mistery 2 (junto a Jennifer Aniston, lanzada este año también por Netflix), tiene un triste 45 por ciento entre los críticos profesionales relevados por el website, mientras que The Ridiculous 6 (2015) ostenta un histórico cero por ciento.
Otras películas de Sandler son amadas por el público en general pero detestadas por los periodistas que se dedican a las reseñas de cine, desde Pixels (2015) a Mr. Deeds (2002), pasando, por supuesto, por Jack and Jill (2011).
Ahora, sin embargo, la historia del bat mitzvá de una típica jovencita judía estadounidense de clase acomodada está reivindicando a Sandler entre los críticos, al menos por el momento, tal como alertó The Hollywood Reporter.
¡No estás invitada a mi bat mitzvá! es «una comedia bendecida con peso cultural», escribió, por ejemplo, el reconocido crítico Richard Roeper en el Chicago Sun-Times. Otro periodista de cine, Gary Goldstein, de Los Angeles Times, pidió a sus lectores: «abra su corazón y apague su medidor lógico, y disfrutará» el nuevo filme de Sandler.
«Es básicamente una costosa película casera que permite a Adam Sandler destacar a su esposa y sus dos hijas», que tienen papeles protagonicos en You Are So Not Invited to My Bat Mitzvah, comenzó diciendo otro prestigioso crítico, Peter Travers.
Una sorpresa «dulce y atrevida»
Pero «también es una sorpresa inesperadamente dulce y atrevida», añadió Travers, según el cual Sunny Sandler, la más joven de las hijas del actor, «le da un buen nombre al nepotismo como una niña judía en la cúspide de la feminidad».
(Hay que reconocer que el actor, de 56 años, ya había sido objeto de otra «reivindicación» pública en marzo de este año, cuando fue honrado con nada menos que el Mark Twain, el máximo premio del humor de Estados Unidos).
Curiosamente, Adam Sandler arrancó con la producción de la película, basada en el best seller homónimo de la escritora norteamericana Amanda Stern y dirigida por Sammi Cohen, poco después de celebrar el bat mitzvá de Sunny en la vida real, a mediados del 2022.
Sandler nunca esconde su judaísmo, y de hecho varios de sus grandes éxitos están marcados por su relación con la cultura o la religión hebrea y hasta con Israel, como la popularísima Chanukah Song y su gran éxito del 2008 You Don’t Mess with the Zohan.
La más vista en Netflix
Con ¡No estás invitada a mi bat mitzvá! se ganó el corazón de los críticos (¿temporalmente?) pero también el de los televidentes. Tal como se esperaba, la película se disparó al tope de los rankings en Netflix.
En el último día de agosto, el sitio especializado FixPatrol ubicaba al filme en el número uno en casi todos los países reportados, salvo contadísimas excepciones.
La película sobre un bat mitzvá (o bar mitzvá para los varones, uno de los grandes momentos en la vida de las personas judías en todo el mundo), encabeza la lista de las más vistas desde Argentina y Austria hasta Uruguay y Venezuela, pasando por países árabes como Qatar, Bahrein, Egipto, Jordania, Kuwait y el Líbano, entre otros.
GrantShapps, legislador británico de la comunidad judía, fue nombrado por el primer ministro, Rishi Sunak, como secretario de Defensa.
La asunción de Shapps se dio luego de que Ben Wallace, quien estaba en el cargo, presentara formalmente su renuncia.
Grant Shapps es el primer secretario de Defensa judío en casi tres décadas después de Malcolm Rifkind, un parlamentario escocés cuya familia emigró de Lituania en la década de 1890.
Luego de su designación, el hombre perteneciente a la comunidad judía dijo que se sentía “honrado”.
«Me gustaría rendir homenaje a la enorme contribución que Ben Wallace ha hecho a la defensa y la seguridad global del Reino Unido durante los últimos cuatro años«, escribió Shapps en una publicación en X, antes conocido como Twitter.
En una entrevista en 2010, Shapps dijo que era “totalmentejudío” y agregó: “No como cerdo, sólo compramos carne kosher y no mezclamos carne y leche. Me gusta ser judío y me casé con una chica judía”.
“Es como una forma de vida y es bueno poder inculcar algo de esa sensación de estar en tus hijos”, concluyó.
El primer ministro libio, Abdulhamid al Dbeibah, descartó cualquier normalización con Israel y ordenó una investigación sobre el encuentro entre oficiales de ambos países en Roma.
Reacción del primer ministro libio tras el incidente
La reciente reunión en Roma entre la exministra de Asuntos Exteriores de Libia, Najla Mangoush, y su contraparte israelí, Eli Cohen, desencadenó una firme respuesta del gobierno libio.
Al Dbeibah, en declaraciones a la prensa, describió el encuentro como un «asunto serio». Manifestó su compromiso de esclarecer los detalles del evento, mencionando que es fundamental entender «lo que ocurrió en Roma, sin importar circunstancias, razones o intenciones».
Los medios libios, citando al primer ministro, han destacado su «total rechazo» a la normalización con Israel y la solidaridad con la causa palestina.
La postura oficial de Libia ha sido de rechazo hacia cualquier intento de normalización con Israel. Las recientes reacciones reafirman este posicionamiento y resaltan la fuerte identificación con la causa palestina.
Dbeibah ha expresado en múltiples ocasiones su apoyo al pueblo palestino, recalcando que el gobierno libio siempre se ha inclinado hacia su «justa causa».
La B’nai B’rith Argentina realizó la entrega del Premio Derechos Humanos a la memoria del Dr. René Favaloro y a su legado a través de la Fundación Favaloro.
Este reconocimiento institucional tiene una trayectoria de más de 20 años, se realiza una vez al año, y se otorga a personas u organizaciones que se destaquen por el aporte que realizan a la sociedad, para transformar y mejorar a la población, la salud, las condiciones cívicas, entre otras.
En nombre del Dr. René Favaloro y la fundación, recibió el premio la Dra. Liliana Favaloro, Presidenta de la Fundación. La acompañaron a recibir la mención la Dra. Laura Favaloro y el Prof. Jorge Tissera.
Esta distinción al Dr. Favaloro y su legado fue elegida por el aporte a la humanidad a través de la innovación en la medicina que aún permite seguir salvando vidas, su calidad humana, su conducta honrada y su contribución y compromiso con quienes más lo necesitan.
Quien entregó el premio fue la Lic. Susana Chalon, Presidenta de la Bnai Brith Argentina quien compartió las siguientes palabras: “Como dice el Talmud: quien salva una vida, salva al mundo entero, y el Dr. a través de su innovación y humanidad ha salvado al mundo muchas veces”.
Al recibir el premio, la Dra. Liliana Favaloro agradeció mucho por esta importante distanciación y compartió que se sienten muy emocionados con el premio.
Para finalizar el acto hubo cierre musical a cargo de la cantante de Alejandra Levi que compartió unas melodías y luego un brindis por el Dr. Favaloro y su legado en la Fundación.
Participaron del evento autoridades de la Bnai Brith, de la Fundación Favaloro, autoridades de las instituciones centrales de la comunidad judía y público invitado.