Reflexión del seminarista del Centro Hebreo Ioná, Brian Menes Wainstein, Parashá Vaiekel Pikudei
En esta parashá, que se llama «Vaiekel Pikudei» se describe la construcción del Tabernáculo. El relato nos cuenta que Moshé reúne a todo el pueblo y les explica cómo se debe construir el Tabernáculo, incluyendo los detalles sobre los materiales necesarios y el proceso de construcción del mismo.
También, se mencionan las contribuciones que hicieron los israelitas para la construcción del Tabernáculo.
La parashá que leemos esta semana, describe en detalle cómo se construyeron cada uno de los elementos del Tabernáculo. Desde el Arca de la Alianza hasta los utensilios utilizados en el servicio religioso. Finalmente, cuando el Tabernáculo está completo, la Shejiná desciende y llena el lugar.
Esta parashá nos enseña la importancia del concepto de Comunidad y la relevancia de la colaboración de todos en la construcción de los lugares sagrados, los lugares donde habita la Comunidad. También, nos recuerda la importancia de prestar atención a los detalles y la calidad en todo lo que hacemos, especialmente cuando se trata de nuestras prácticas religiosas. Esta semana, desde el Centro Hebreo Iona te invitamos a sumarte a la construcción de este proyecto comunitario «ionero», siendo parte de él.
La duodécima edición del Maratón de Jerusalén comenzó este viernes por la mañana.
Los corredores ocuparon sus lugares en la línea de salida de lo que se considera un maratón extremadamente difícil.
La carrera de 26,22 millas pasó por varios lugares icónicos de Jerusalén, como el Tribunal Supremo, la residencia del presidente, el Museo de Israel y las murallas de la Ciudad Vieja.
— פלר חסן נחום Fleur Hassan-Nahoum (@FleurHassanN) March 17, 2023
Además, la Maratón de Jerusalén está organizado por la Municipalidad de la capital israelí en cooperación con la Autoridad de Desarrollo de Jerusalén, con el apoyo del ministerio de Cultura y Deporte y el ministerio de Turismo.
Consta de cinco circuitos. La Maratón completa comenzó a las 7:00 am entre la Knesset y el Museo de Israel con la meta en Sacher Park. A su vez, la media maratón comenzó en el mismo lugar 15 minutos antes y terminó en una parte diferente de Sacher Park. La carrera de 6 millas se divide en dos grupos con salidas a las 9:30 am y 9:45 am.
También la carrera de 5 km comenzó a las 7:30 am en el mismo lugar que las otras y terminó cerca de la Biblioteca Nacional en el campus Givat Ram de la Universidad Hebrea. Una carrera familiar más corta de poco más de una milla comenzó a las 11:00 AM, mientras que la carrera de media milla comenzó a las 8:30 AM.
El cofundador de Pink Floyd, Roger Waters, prometió emprender acciones legales después de que los funcionarios locales en Frankfurt cancelaran uno de sus conciertos y lo calificaran como uno de los “antisemitas más conocidos del mundo”.
“Waters ha dado instrucciones a sus abogados para que tomen de inmediato todas las medidas necesarias para anular esta decisión injustificable para garantizar que se proteja su derecho humano fundamental a la libertad de expresión”, dice el comunicado difundido por su representante legal.
La gira ‘This Is Not A Drill‘ del músico de 79 años estaba prevista para el Festhalle de la ciudad alemana el 28 de mayo. Sin embargo, en febrero la Ciudad de Frankfurt canceló la presentación, detalló en un comunicado el representante legal del rockero, Mark Fenwick Management.
Asimismo, el 28 del mismo mes, el Ayuntamiento de Múnich también suspendió un concierto previsto para el 21 de mayo de 2023 en el Olympiahalle.
Las presentaciones de Waters fueron canceladas debido a que el Ayuntamiento de Frankfurt sostiene que el músico es “uno de los antisemitas más conocidos del mundo”.
Además, en varios conciertos parte de una gira que tuvo lugar entre 2010 y 2013, el músico mostró en el escenario un globo con la forma de un cerdo en el que, entre otros símbolos, figuraba una estrella de David.
“Estas acciones son inconstitucionales, sin justificación y basadas en la falsa acusación de que Roger Waters es antisemita, lo cual no es”, acusó la defensa legal del fundador de Pink Floyd.
El abogado señaló la acción de ser “unilateral y políticamente motivada” y reiteró que “todos aquellos que deseen ver él actuar, son libres de hacerlo en Frankfurt, Munich y en cualquier otra ciudad en cualquier otro país”.
Los febreros de Lea Kovensky son más cortos de los cortos que ya son. La ansiedad le consume el mes. Aprendió a entrar a marzo, su cruz en el almanaque, con un ideario preventivo. Entrenó su psiquis para acelerar el paso y aligerar el peso del mes. Dice que cada vez que empieza trata de “estar atenta”: sube la guardia. Los marzos que siguieron a ese marzo alimentaron el estigma. Son los días en los que más se enoja, más se pelea, más descontextualiza las cosas y las relaciones, más se tropieza, más se lastima, más le duele el cuerpo. “Aunque aparenta estar todo normal, internamente está todo convulsionado”, define.
El detonante fue el desgraciado 17 de marzo de 1992, el día que detonó una bomba, una bomba que significó un atentado, un atentado que colocó al país en el teatro de operaciones del terror.
Tiene 67 años y le perdura la tristeza por el sinsentido. Acumuló otros 31 nuevos marzos después de ese marzo bisagra: ninguno volvió a ser un mes normal, ajeno.
La mujer de 36 años que entró a la embajada de Israel a las nueve de la mañana no fue la misma que salió, en andas de un desconocido, sin zapatos, sin una uña, con una máscara de sangre y vidrios en sus pelos, minutos después de las 14:47, la hora exacta de la explosión.
Hace tres años había empezado a trabajar en la embajada de Israel en Argentina. Era la secretaria del agregado militar. Había aplicado para el puesto luego de recibir la rumor de la convocatoria. Sus antecedentes laborales la situaban en colegios judíos como maestra de hebreo o como encargada administrativa en una fábrica de carteras. Vivía en el límite de los barrios porteños de Villa Crespo y La Paternal. Surcaba la ciudad para cumplir sus ocho horas y media de trabajo en el edificio diplomático de la intersección de las calles Arroyo y Suipacha. La embajada estaba en obra y su oficina integraba las reformas. Ocupaba una sala temporal en planta baja. Esa tarde planeaba encontrarse con su hermana para armar un emprendimiento de sistema de venta directa.
El 17 de marzo de 1992 fue martes: hacía un calor de verano denso. Su jefe, Yehuda, se había ido por un viaje de trabajo que esa tarde debió suspender abruptamente. Su esposa, Anat, era también su secretaria en idioma hebreo y tampoco estaba en la oficina.
Lea disfrutaba de una jornada descomprimida. Ya había concluido con las diligencias diarias: administración de contactos, coordinación de encuentros y reuniones, tareas habituales para la secretaria de un superior que no está. Resultó ser un día de trabajo liviano, con más dosis de ocio que las habituales.
La Corte Suprema dio por probado que el atentado fue obra de la Jihad Islámica, brazo armado de Hezbollah, un partido político pro iraní que actúa en el Líbano. Los culpables nunca fueron hallados ni juzgados
Su oficina ocupaba un rincón de la planta baja, cerca de la esquina de Arroyo y Suipacha, enfrente del hall central del edificio. Ahí trabajaba Mirtha, recepcionista y responsable del conmutador, un armatoste que manipulaba para establecer comunicaciones telefónicas.
Ahí, esa tarde casual, también estaba Enrique, marido de Mirtha, quien había ido a realizar un trámite a la embajada. Los tres compartían una charla amena a la sombra de un artefacto grande, sólido, que Lea usó, literalmente, de respaldo. “Me senté en el conmutador que tenía como una alzada de madera, ahí apoyé mi café y un cigarrillo en el cenicero”, recuerda.
Faltaban pocos minutos para que se hicieran las tres de la tarde. La seguridad interna de la sede diplomática había concluido sus rondas. La policía que custodiaba el edificio desde el exterior no vigilaba la esquina de Arroyo y Suipacha.
Nueve años después, una investigación de la Corte Suprema de Justicia establecerá que a las 14:47 una camioneta Ford F 100, patente C 1275871, subió sus dos ruedas derechas a la vereda para estacionar en el número 916 de la calle Arroyo y detonar una carga explosiva constituida de una mezcla de tetranitrato de pentaeritrita -PETN, pentrita- y de trinitrotolueno -TNT, trotyl-, en una proporción estimada en porcentajes iguales, ubicada en la parte posterior derecha del vehículo.
Lea Kovensky pensó que esa bomba, que ese atentado, había sido una descarga eléctrica del conmutador. Pensó que era la única víctima de ese presunto golpe energético, que lo que había pasado le había pasado solo a ella. No coincidía ese desperfecto con la escena que descubrió al reincorporarse. “La onda me tiró para atrás, me dio vuelta, caí boca abajo. Fui reaccionando, tenía escombros encima mío, me fui desprendiendo de todo, había una nube negra que cubría el edificio, que se fue disipando. Me empecé a dar cuenta de lo que había pasado”, relata.
El saldo del ataque criminal, que utilizó una camioneta cargada de explosivos que había partido de un estacionamiento cercano a la sede diplomática, fue de 22 personas asesinadas y más de 200 heridos y mutilados
El conmutador en el que estaba sentada no solo no había canalizado en ella su voltaje, sino que había servido de defensa para que la onda expansiva de la bomba no le impactara de lleno. Fue su escudo, aunque no la protegió lo suficiente para evitar que la explosión la tumbara. Los eventos violentos e inesperados causan más incertidumbre que dolor. La sorpresa restringe el lamento. La adrenalina del sobreviviente es una anestesia. “No me dolía nada. Me reincorporé rápido, me encontré con Claudia, una compañera, y juntas empezamos a buscar por dónde salir”, narra.
Ya no había puertas de acceso ni hall central: todo se había roto. La atmósfera se tornó de un tono gris espeso. En su desconexión racional, la embargó un rapto de lucidez: recordó la salida de emergencia del segundo piso que transporta a un edificio lindero. “Subimos agarradas de las manos. La puerta estaba cubierta de escombros y había gente que la estaba intentando abrir.
El shock era muy grande: estaba como sumida como en una especie de nube donde veía pero a la vez no registraba nada. Caminaba como atontada. Veía heridos, escuchaba gritos y no podía hacer nada. Solo buscaba por dónde salir”. La puerta de emergencia del segundo piso dejó de ser una opción posible. Decidió regresar en sus pasos. Cuando descendió a la planta baja, vio que había gente que huía por el hueco de una ventana sobre la calle Arroyo. No sabe cuántos minutos después volvió a ver la luz del sol desde la vereda de una esquina en guerra.
María José Grillo conoció a Lea Kovensky como una sobreviviente. Había llegado corriendo desde la plaza San Martín de Retiro siguiendo la estela del humo, el murmullo del clamor, el baho de la desesperación. Era periodista de la revista Gente, tenía 25 años y debía cerrar ese martes una nota para completar la edición. A las 14:47 entrevistaba al coronel Juan Jaime Cesio, perseguido y encarcelado durante la última dictadura, brazo político del teniente general Jorge Raúl Carcagno, efímero jefe del Ejército de la democracia recuperada en mayo de 1973. “Había sido degradado por el Ejército por ser parte de la comisión del Centro de Militares por la Democracia. Nos estaba contando que buscaba empleo por los clasificados de los diarios cuando estalló la bomba”, rememora.
La primera postal del atentado. El reportero gráfico la tomó desde la Plaza San Martín de Retiro, donde estaba cubriendo una entrevista. Luego partió corriendo hacia el polvo (Roberto Monsteirín)
Recuerda ver flamear los ventanales vidriados del edificio de American Express y el hongo de humo emergiendo por el horizonte. No estaba sola: la escoltaba el reportero gráfico Oscar Mosteirín, de 53 años. El estruendo parió un nuevo contexto. Interrumpió toda normalidad. La entrevista se cortó, indefectiblemente. Hubiese sido antinatural continuarla. Ni siquiera hubo saludo de despedida. Cesio corrió, nadie sabe para dónde. El instinto de la periodista y el fotógrafo los orientó rumbo noreste: hacia el epicentro del desastre. No antes de retratar el primer vestigio del horror: el fotógrafo disparó contra la columna espesa de polvo que crecía por encima de los edificios.
“Salimos hacia el lugar de la explosión -relata la periodista- sin saber qué había pasado y nos encontrábamos de frente con toda la gente que huía, hasta chicos con el guardapolvo del jardín de infantes ensangrentado. Mosteirín siguió corriendo y yo me metí por la vidriera rota de un banco, que había a unas cuadras de la embajada, y llamé a la redacción para contarle lo que estaba viendo. ‘Manden a todos, no sé qué pasó pero es muy gravé’, les pedí. Cuando llegamos, apenas había unos pocos policías que merodeaban la zona. No había operativo ni nada”.
Fueron la primera periodista y el primer fotógrafo que llegaron a la embajada de Israel en ruinas. Ella arribó un minuto después que él. “Las cosas que vimos fueron tremendas. Fue una cosa desoladora, espantosa. Hemos visto pasar gente con una viga atravesada en el cuerpo”, retrata. En medio de ese caos, distinguieron a una mujer de aspecto añoso, avejentada, cuerpo menudo, canas en el pelo y sangre en el rostro, cruzando la calle Arroyo en brazos de un joven rubio y atlético. Mosteirín guardó la potencia de ese instante en una foto. El autor de la imagen murió en 2014. “Parecía una mujer grande porque estaba cubierta de polvo y no se le veían las facciones, pero en verdad era una chica joven”, recuerda Grillo, hoy secretaria de redacción de la revista Hola Argentina.
Una imagen del reencuentro de Lea Kovensky y Bruce Willison. «Nos abrazamos como se abrazan dos amigos, dos hermanos, dos personas que se conocen profundamente”, dijo ella
La chica joven era Lea y las canas eran partículas de polvo que había pintado su pelo rubio. La bomba le había quitado los zapatos, le había extirpado una uña, le había regado la cabeza de vidrios ínfimos, le había producido pequeños y leves cortes. En su rostro se dibujaban líneas de sangre derramada. Nunca vio a la periodista ni al fotógrafo. Cuando salió a la calle, la secretaria advirtió que estaba descalza y que la esquina de Arroyo y Suipacha era un colchón de vidrios: “Pensé cómo podía hacer para cruzar sin lastimarme. Ahí es cuando aparece él para levantarme en andas y llevarme al lugar donde estaban trasladando a los heridos”.
Mientras la llevaba a upa, descubrió en su pecho el collar de identificación militar. Supuso que podía ser un miembro del ejército israelí y le empezó a hablar en hebreo: “Le decía ‘esto es un desastre’ y él solo me respondía ‘todo bien, todo bien’. ‘Qué todo bien’, le decía yo, ‘esto es un desastre’”. El diálogo se interrumpió cuando él la dejó y se fue a seguir rescatando gente. Él se llama Bruce Willison Jr., era un marine estadounidense de 24 años que cumplía misiones de custodia diplomática en países de América Latina: era acreedor de una beca para estudiar español en la región. Había llegado de Montevideo dos días atrás. Tenía planeado seguir por Chile. Visitaba a pilotos de la fuerza aérea estadounidense en un hotel cercano a la embajada cuando sintió la explosión y su pulsión lo guió hacia el sitio del desastre. Se olvidó la billetera en la mesa por la premura. Corrió por Suipacha. Salvó a Lea primero y a otros heridos con traslados, torniquetes (usó manteles de un restaurante como vendas) y remoción de escombros hasta que el operativo de rescate lo desafectó. Los registros oficiales le asignan el salvataje de diez vidas y la cooperación en el rescato de cinco heridos: él no recuerda cuántos. Sabe que un taxi lo llevó gratis a la embajada de Estados Unidos, donde después de que la adrenalina mermara y la tristeza se disparara, debió reportarle directamente al secretario de Defensa.
Lea llegó al Hospital Fernández. Sus heridas eran superficiales. Le limpiaron la cara, le cosieron su dedo sin uña, la dejaron algunas horas en internación. Su mamá estaba en Rosario, su papá y dos hermanos en su casa de Villa Crespo y otros dos hermanos instalados en Israel. A ella lo único que le preocupaba era avisarle a su familia que estaba bien, que estaba viva: por el teléfono de la sala de informes del hospital intentó comunicarse sin suerte con el trabajo de uno de sus familiares. Sus dos hermanos que vivían en el país acudieron a la embajada con la duda en ciernes. Su mamá emprendió viaje desde Rosario sin saber si tenía una hija muerta o viva. En la sede diplomática destruida, a los hermanos Kovensky les avisaron que Lea había sobrevivido y había sido trasladada al Hospital Fernández. Esa misma noche, después de aplicarle la vacuna antitetánica, le dieron el alta clínica.
Lea Kovensky junto a la familia de Bruce Willison: él le reconoció que nunca se olvida de ese 17 de marzo y que conserva una foto suya en su oficina
No durmió. No podía. Se quedó mirando la televisión que transmitía en vivo la remoción de escombros. Su casa había estrenado su primer teléfono de línea una semana antes. Habló con sus hermanos en Israel y hasta con una radio extranjera. A la mañana del día siguiente, acordó con grupo de compañeros de trabajo visitar a quienes estaban internados. Fueron al Instituto del Diagnóstico. En una habitación estaba Claudia, la mujer con la que había subido al segundo piso del edificio agarrada de la mano. La hermana de su compañera cuando la vio le preguntó si se había visto en la tapa. No le dio tiempo a responder. Intempestiva y desbordante, le enseñó la imagen y la revista Gente. Era la foto de Mosteirín: ella rescatada por un hombre que desconocía. Debajo decía “el espanto” en letras amarillas.
“Era como ver la foto de un país en guerra. Salimos de la clínica y las chicas se fueron para la izquierda y yo para la derecha. Estaba alucinada, perdida, descolocada. Y eso me descolocó aún más. No estaba preparada para ver esa foto. Era todo shockeante. Necesitaba procesar y entender que estaba viva y que había sobrevivido a un atentado”, reflexiona. Pero no había tiempo. Esa tarde recibió un llamado de urgencia: su jefe la citaba al hotel ubicado en Suipacha y Arenales donde se habían trasladado preventivamente las funciones de la embajada.
“Me tomó de la mano y me dijo ‘es importante que entres y sepas de qué te salvaste’. Él la acompañó. Ingresaron juntos. “Entramos desde Suipacha por una abertura, pasamos un patiecito y fuimos a la oficina. A mi izquierda estaba la puerta de lo que era la oficina del agregado: aunque llena de polvo, estaba intacta. La onda expansiva arrasó mi sector pero no tocó esa oficina”. Su lugar de trabajo lindaba con un patio que daba a la calle Suipacha. La onda expansiva buscó un canal donde liberarse: la encontró en ese patio exterior. “Es mi gran duda. No sé realmente qué hubiese pasado si me encontraba en esa oficina cuando explotó la bomba”, relata.
La estructura de su oficina se desintegró. Sus pertenencias quedaron desperdigadas entre escombros. Recuperó algunos adornos de su escritorio y su cartera intacta, con sus documentos y su dinero. Dos meses después, olvidó esa misma cartera en el banco de una plazoleta de la avenida 9 de Julio. Se dio cuenta quince minutos después. Cuando regresó, ya no estaba. Su lamento fue edulcorado por el drama. Aceptó el robo y la pérdida con naturalidad. “Entendí que estaba bien así, que había cosas que iban a ser reemplazadas con otras, que había cosas que ya no eran para mí. Mi identidad ya era otra. Fue caer en la cuenta de que todo había cambiado en mí: yo ya no era esa que estaba en esa cartera”.
Dice que adentrarse en los restos de la sede diplomática le sirvió a su sanación. Siguió trabajando tres décadas más en la embajada, mudada ahora a Avenida de Mayo y Chacabuco. Se reencontró con Bruce en el décimo aniversario, en la Plaza de la Memoria, emplazada en la esquina del atentado: “Nos abrazamos como se abrazan dos amigos, dos hermanos, dos personas que se conocen profundamente”. Lo volvió a ver otros 17 de marzo: el año pasado conoció a su esposa y sus hijos. Él le admitió que tiene una foto suya en su oficina. Su agradecimiento es eterno. Ella se jubiló hace dos años. “Cada tanto vuelvo. Me hace bien”, dice. Tiene un grupo de Whatsapp con otros sobrevivientes o hijos de sobrevivientes. El grupo se llama, simplemente, Arroyo.
A 31 años del atentado terrorista del 17 de marzo de 1992 contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, el embajador Eyal Sela reiteró, en una entrevista con Infobae, el pedido de justicia por el ataque donde murieron 29 personas y más de 200 resultaron heridas.
Esta tarde, el diplomático, que asumió el cargo en septiembre, encabezará por primera vez el acto conmemorativo que se realiza todos los años en el predio donde se ubicaba el edificio.
En la plaza seca donde crecen tilos plantados en nombre de los fallecidos, funcionarios israelíes y argentinos, sobrevivientes y familiares de los que perdieron la vida, así como público en general, rendirán homenaje a las víctimas.
-¿Cuál es su valoración sobre la investigación que llevó a cabo hasta ahora la Justicia argentina para esclarecer las responsabilidades del atentado, que sigue impune?
-Bueno, yo sé que el proceso no ha terminado y nosotros pensamos que hay que llegar a una situación de terminar con el proceso, para hacer justicia para todos los familiares de las víctimas y de las personas que quedaron heridas.
-Hasta ahora no hubo justicia, ¿usted cree que esto responde a una falla de la Justicia argentina o hay factores externos que influyen para que haya impunidad?
-La verdad es que pasó mucho tiempo y no se llegó a un resultado. Comprendo que el proceso no llegó a una situación que tiene que llegar. ¿Por qué? Puede ser que haya diferentes razones.
-¿Cree que pueden aparecer nuevas evidencias que permitan hallar a los responsables?
-Me cuesta decir en este tema lo que creo. No importa lo que creo o no. Más que nada, hay que ver qué hacer. Como se publicó, Israel desde el principio dijo, basándose en información que por fuera de Argentina, que detrás de este atentado se encuentra Irán. Irán lo planificó y Hezbollá lo ejecutó. Inclusive con nombres de las personas que estuvieron dentro del vehículo. Un terrorista suicida se inmoló allá, sabiendo que iba a matar inocentes, sabiendo que por este coche bomba iban a morir estudiantes que iban al colegio y mayores que iban a un hogar, y personas que iban a rezar a la iglesia. Esto fue claro para Israel hace muchos años.
El lugar donde se erigía el edificio de la embajada de Israel, tras el atentado en 1992
– ¿Cree que el mecanismo terrorista que llevó a ese atentado sigue vigente en la Argentina o ya fue desmantelado? Teniendo en cuenta también el ataque a la AMIA.
-El terrorismo sigue en todo el mundo. Parar el terrorismo es objetivo de todos los países y las sociedades que creemos en los valores, en los derechos humanos, en la vida, en la libertad. El terrorismo ataca en Argentina, ataca en Estados Unidos, ataca mezquitas en Pakistán y sinagogas en Jerusalén, personas en Francia, instituciones en diferentes partes del mundo. O sea, el terrorismo no tiene ninguna justificación y por eso todos tenemos que actuar. Hay muchos esfuerzos de muchos países para frenar el terrorismo, para que en ningún lugar del mundo volvamos a tener otro atentado.
-Con respecto al avión iraní que llegó a la Argentina, ¿cree que existe la posibilidad de que haya un tercer atentado en la Argentina?
-Otra vez, me cuesta hablar en esto. Estamos hablando todos para colaborar, para cooperar, que es una palabra mejor. Estamos en contacto todos para que nunca más ocurran cosas como estas.
-¿A qué atribuye, con la información que tiene, la llegada de este avión iraní a la Argentina?
-Bueno, está todavía bajo investigación. En su momento, Israel, la Embajada, publicó un documento que habla de que estuvo involucrada la Guardia Revolucionaria de Irán, porque algunos de los pilotos formaban parte de estos grupos.
-Aparte de esa información, el gobierno israelí tiene, o va a aportar nueva información que pueda sumar a la causa que investiga la llegada de este avión y de estas personas?
-El evento tuvo lugar en Argentina. Hay una investigación acá. Y yo pienso que el carril más importante es seguir con esta investigación. Israel no es parte de esta investigación, lo que Israel sabía es que los pilotos estaban involucrados en las Guardias Revolucionarias de Irán. Me cuesta hablar del futuro.
La policía inició una investigación el viernes después de que se pintara con aerosol un grafiti que denunciaba al ministro de Justicia, YarivLevin, cerca de su casa en Modiin.
El grafiti, que estaba garabateado en una pared en el centro de la ciudad, llamaba al político “el enemigo del pueblo”.
No hubo comentarios inmediatos de Yariv Levin, quien está observando el tradicional período de luto judío después de que su padre muriera a principios de esta semana. No estaba claro si estaba en casa cuando pintaron el grafiti.
Un comunicado de la policía dijo que los agentes estaban trabajando para reunir pruebas.
Levin, uno de los principales confidentes del partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu, es una figura destacada en el impulso del gobierno para reformar el sistema judicial, que se ha enfrentado con protestas masivas.
Como parte de las movilizaciones, los manifestantes también realizaron concentraciones frente a las casas de los ministros que respaldan los planes de reorganización, incluido Levin’s, donde varios fueron agredidos en enero.
El viernes, por ejemplo, hubo manifestaciones frente a las casas del ministro de Defensa, Yoav Gallant, y el ministro de Agricultura, Avi Dichter, ambos del Likud.
El ministro del Likud, Miki Zohar, afirmó que el graffiti fue el resultado de “una campaña organizada de incitación destinada a difundir el odio contra nosotros”.
“Estamos implementando democráticamente la voluntad del votante y trayendo un cambio largamente esperado. La incitación y las mentiras de que nuestra democracia está en peligro son un giro que pretende disuadir al público”, escribió en Twitter.
El 17 de marzo de 1992 un atentado terrorista cometido por la organización Hezbollah destruyó la embajada de Israel en Buenos Aires. En el ataque murieron 29 personas y más de 200 resultaron heridas.
Acto Central:
A 31 años de ese trágico hecho, la sede diplomática israelí realizará un acto conmemorativo en el predio donde se ubicaba el edificio, hoy devenido en una plaza seca, en donde crecen tilos plantados en nombre de los fallecidos. En un evento solemne funcionarios israelíes y argentinos, sobrevivientes y familiares de los que perdieron la vida, así como público en general, rendirán homenaje a las víctimas.
Les compartimos un informe exclusivo de Vis á Vis, en un nuevo aniversario del ataque terrorista que dejó 29 muertos y más de 200 heridos.
Contexto histórico, imágenes y testimonios de aquel 17 de marzo de 1992, la responsabilidad de la organización terrorista Hezbollah y el régimen iraní y, como todos los años, el pedido de justicia que se renueva
Sitio Educativo y Pieza Audiovisual:
En el año 2017 el Congreso de la Nación sancionó la ley 27.417 que establece el 17 de marzo como el Día de Solidaridad con las Víctimas del Atentado a la Embajada de Israel y establece que esta temática sea incorporada, a través del Consejo Federal de Educación, en el plan de estudios de las escuelas argentinas. En miras de facilitar los recursos que habiliten tal implementación, en este aniversario la Embajada de Israel en Argentina lanza un sitio web con materiales y herramientas pedagógicas que puedan colaborar con la planificación docente y ser implementados en ámbitos de educación tanto formal como no formal. El portal educativo incluye información histórica y materiales vinculados a diferentes campañas de concientización. Asimismo, el sitio dispone de un espacio de testimonio de sobrevivientes y familiares y, por otro lado, una sección consagrada a la memoria de aquellos que perdieron la vida en el atentado en la voz y el recuerdo de sus seres más cercanos. De esta forma, historias de vida que fueron interrumpidas por la violencia irracional del terrorismo quedarán inmortalizadas en un sitio web cuya meta es concientizar a las jóvenes generaciones acerca de la importancia de sostener una perspectiva de respeto por las diferencias, sin espacio para los discursos de odio y las expresiones de violencia.
La página incorpora una pieza audiovisual realizada especialmente para alumnos y alumnas de escuela secundaria en el que se intenta hacer un abordaje acerca de lo que fue el primer atentado del terrorismo internacional que sufrió la Argentina. Cabe destacar que para la elaboración de este material la embajada contó con el acompañamiento del Ministerio de Educación de la Nación, así como con la colaboración de diversos medios de comunicación que facilitaron material periodístico de la época.
La presentación formal del sitio web y del video educativo se realizará el día miércoles 15 en el Palacio Sarmiento con la participación del Ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, autoridades diplomáticas y titulares de las carteras de educación de diversas provincias argentinas.
Al cumplirse 30 años del atentado el cantautor Alejandro Lerner compuso una pieza musical alusiva que fue interpretada en su versión original junto a su colega argentino-israelí Pablo Rosenberg y el afamado artista israelí Idan Raichel. La misma fue presentada en sociedad el 18 de marzo de 2022 en el Teatro Colón en un evento realizado en memoria de las víctimas del atentado.
En este nuevo aniversario Lerner presentará esta canción en Israel, al tiempo que, desde Argentina, la embajada de Israel compartirá públicamente por primera vez el video clip que acompaña a la canción “Un día como cualquier día”, el cual fue grabado tanto en locaciones argentinas como israelíes. El mismo fue posible gracias a la colaboración de imágenes de archivo de medios periodísticos.
En el marco del 31° aniversario del atentado terrorista perpetrado contra la embajada de Israel en la Argentina, la Juventud renovó su compromiso con el reclamo de justicia, en su tradicional acto que tuvo lugar en la esquina de Arroyo y Suipacha.
Bajo el lema “31 años y seguimos…”, el acto constituyó un nuevo ejercicio de la memoria colectiva que presentó, además de los discursos centrales, actividades participativas y propuestas musicales y artísticas, con las que se rindió homenaje a las 29 víctimas fatales del ataque contra la sede diplomática.
La portavoz y agregada de Diplomacia Pública de la embajada de Israel en Argentina, Amital Perry, expresó que fue «un acto súper emocionante de AMIA Joven en conmemoración del 31° aniversario contra nuestra embajada. Gracias por el compromiso en esta tarea importante. El Terror Destruye, la Juventud Construye».
Un acto súper emocionante de @AmiaJoven en conmemoración del 31 aniversario contra nuestra embajada. Gracias por el compromiso en esta tarea importante.
El Terror Destruye, La Juventud Construye.#atentadoembajadapic.twitter.com/X9soPGHJx5
El Consejo Juvenil Sionista, organismo encargado de nuclear y representar a todas las tnuot noar de la Argentina, compartió en sus redes sociales imágenes del acto en el que se entonó el Hatikva.
Por su parte, la Federación Argentina de Centros Comunitarios Macabeos (FACCMA) manifestó en sus redes que «la Juventud dijo presente en el Acto por los 31 años del atentado a la embajada de Israel en Argentina. Reclamando justicia y ejerciendo la memoria enfocándose en la educación por la convivencia pacífica y un futuro de paz, en contra del terrorismo».
Más de 30 referentes de los diferentes movimientos de jóvenes, organizaciones y comunidades judías participaron, recientemente, de un encuentro que se realizó en la embajada de Israel en la Argentina, en el que se compartió la necesidad de mantener viva la memoria, para que el olvido no logre debilitar el reclamo de justicia.
El Kunsthaus de Zúrich, uno de los museos de arte más importantes de Suiza, inicia una nueva revisión destinada a aclarar si alguna de sus obras de arte podría ser propiedad cultural saqueada por los nazis.
Ann Demeester, que asumió la dirección del museo en enero, quiere abordar la espinosa cuestión de la procedencia y el arte confiscado por la Alemania nazi. El museo manifestó su deseo de que se cree una comisión nacional independiente para investigar los bienes culturales expoliados. Entretanto, ha anunciado que este año creará su propia comisión internacional de expertos independientes.
“Nuestro objetivo primordial debe ser siempre revisar profesionalmente los orígenes de las obras que conservamos”, declaró Philipp Hildebrand, presidente de la Zurcher Kunstgesellschaft, la asociación artística propietaria de la colección y que supervisa el museo.
“Debemos posibilitar soluciones justas y equitativas cuando haya indicios fundados de bienes culturales confiscados como consecuencia de la persecución nazi. Somos conscientes de que será un proceso largo y complejo”, declaró Hildebrand, ex presidente del Banco Central Suizo.
La entidad dijo que sometería su propia colección, así como las nuevas adquisiciones, a la búsqueda de procedencias. “Se revisará la procedencia de las obras creadas antes de 1945 que cambiaron de manos entre enero de 1933 y mayo de 1945″, dijo el museo, refiriéndose a los años del régimen nazi en la vecina Alemania.
Demeester, ex director belga del Museo Frans Hals de los Países Bajos, dijo que la Kunsthaus Zurich tenía que ser proactiva y transparente en la investigación de la procedencia. “Como museo, tenemos una gran responsabilidad social”, dijo, y añadió: “Tan importante como la investigación en sí es lo que hacemos con los resultados”.
Kunsthaus se enfrentó a críticas en 2021 cuando abrió una nueva sala para albergar la colección del traficante de armas Emil Buhrle, que hizo su fortuna durante la Segunda Guerra Mundial. El industrial de origen alemán se nacionalizó suizo en 1937 y murió en 1956, tras haber amasado una de las colecciones privadas de arte más prestigiosas de Europa.
La propia Fundación Buhrle confirmó que 13 cuadros que compró habían sido robados por los nazis a propietarios judíos en Francia. Tras una serie de procesos judiciales después de la Segunda Guerra Mundial, Buhrle devolvió en la década de 1940 las 13 obras a sus legítimos propietarios y luego recompró nueve de ellas, según la fundación.
La colección estuvo expuesta durante mucho tiempo en un museo privado a las afueras de Zúrich, pero se decidió trasladarla tras el espectacular robo en 2008 de cuatro obras maestras del siglo XIX.
Durante la madrugada del martes 14 de marzo, un conductor que huía de la policía se salió de la calzada y terminó chocando contra el reconocido Monumento del Holocausto de Berlín, en la capital de Alemania, a pocos metros del Portal de Brandenburgo.
El hombre de 39 años, que se encontraba junto a otros dos acompañantes a bordo, estrelló su vehículo contra uno de los reconocidos pilares del memorial y lo dañó, según informó un portavoz de la policía alemana.
Los daños y los costos asociados al impacto del Monumento del Holocausto provocado por el conductor en Berlín, mientras huía de la policía, aún no se han establecido.
Las imágenes publicadas por el “Berliner Zeitung” mostraron fragmentos del automóvil y del material de este monumento, que fue erigido en memoria de la comunidad judía de Europa asesinados durante la Segunda Guerra Mundial.
Según información, el conductor huyó porque no quería someterse a un control de la policía, ya que manejaba un automóvil con una placa patente que no correspondía al vehículo, según reveló un representante de la policía de Berlín.
De igual manera, las cosas se pusieron difíciles para el conductor involucrado, puesto que, durante su escape, el hombre también embistió y dañó un vehículo policial tras la colisión con el Monumento del Holocausto en Berlín.
Acto seguido, el chofer y los otros dos pasajeros huyeron a pie, sin embargo, fueron detenidos poco después por los agentes locales.
El emblemático monumento, cerca de la Puerta de Brandemburgo en Berlín, se inauguró en mayo de 2005. Consta de 2.711 estelas de hormigón que se extienden por una superficie de unos 19 mil metros cuadrados.